Mitos y Leyendas


Se ha dicho que los “mitos” de centauros, sátiros, unicornios, dragones, duendes, etc. fueron los resultados de experimentos genéticos tempranos de (Los Anunnaki).
El nombre Anunnaki, es un referente, Posiblemente fueran los llamados hijos de Anac, Anna-Ki.
Pero los textos Sumerios declaran que estas criaturas/monstruos eran aliados de Tiamat hasta que los dioses mesopotámicos se revelaron contra la tiranía de la reina Tiamat.

¿Eran los dragones originales de hecho,
Los Dioses Antiguos hablados en los textos?
¿Los Anunnaki destruyeron una civilización, la mítica tierra “antes de tiempo” (antes del “tiempo común reportado), y manoseando los códigos genéticos, intentando el genocidio en una escala global, y deliberadamente ocultaron alguna memoria de o referencia a esta civilización?
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En la mitología sumeria y otras mitologías se suelen representar a los dioses con alas, pero No, no tenían alas, simplemente eran capas, capas que al desplazarse en carros o es objetos de trasporte se les levantaba como si de alas se tratara.
Después viene también el mito o no tal mito de los carros voladores, realmente creo que si eran reales. Hay muchas posibles pruebas de esos carros voladores en las historias de muchas culturas. En los escritos de todas las culturas se habla de serpientes o dragones, dragones que son simplemente serpientes con alas, y en estas leyendas encontramos a la madre de todas, Tiamat, Tiamat era temida por todos y su poder destructivo era enorme, era la reina de los dioses mesopotámicos y como no de los egipcios. En Egipto seria representada como la diosa Maat, por que llegue a eso, (Tia-Maat). Simplemente por sus alas como el llamado Dios An(u) (Anu-nna) mesopotámico, ambos se representan con alas como si estuvieran montados en ellas… a la reina Tiamat se le conoce como el dragón, la Mamma, madre de todos los dioses. Después fue asimilada como un demonio.
La historia de esta diosa junto con los demás dioses y luchas, crearon nuevas historias, contadas por observadores de las épocas,
Y según esos observadores una gran lucha se genero en el cielo, esa lucha que relata la biblia no es otra que la de Tiamat y sus guerreros, por otro lado An, y sus mal llamados Anunnakis. En este caso se le dio a un guerrero todo el poder del que disponían los llamados Anunna-ki, para combatir a las fuerzas de Tiamat, ese guerrero se llamaba Marduk. Y como comenzó la guerra ¿?
Posiblemente por que Tiamat reclamo los minerales extraídos del planeta llamado entonces Ki, y su jefe minero se negó, y hay comenzó la guerra entre la reina de los Drago y los Igigi.

Si, Igigi hasta An(u) y sus hijos y colaboradores en Ki, posiblemente fuera un trabajador jefe de los Drago, en todo caso no se puede confirmar pero es lo mas posible.
Cuando dieron las armas a Marduk este pidió a cambio de matar a Tiamat ser el soberano del planeta (Rey de Reyes) o dios de dioses. De este modo comenzó el mito de Yahve= Marduk.
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También Marduk se extendió en otras culturas con diferentes nombres como Zeus, en todas ellas Dios monta en su carruaje con rayo en mano (rayo o Arma).

Crédito El arca de los dioses.
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En la foto Marduk montado en su carruaje portando un rayo en su mano.

 

BAAL, MARDUK O DIOS.


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Bel (del acadio bēlu), significa Señor, Amo o Dios siendo más un título que un nombre personal. En las lenguas semíticas noroccidentales su equivalente es Ba’al. Su forma femenina es Belit o Bēltu; Señora, Dueña o Diosa.

Hoy se denomian al Dios Baal (marduk) como Belcebú o Beelzebub, derivado de Baal Zebub o más propiamente Ba‘al Z’vûv, era el nombre de una divinidad filistea Baal Sebaoth en hebreo. Adorada en épocas bíblicas en la ciudad filistea de Ecrón; la cual posteriormente sería asimilada a la tradición cristiana, convirtiendo la divinidad en Diablo.

Título divino

En la religión mesopotámica se le aplicó como epíteto a varios dioses. Los autores griegos lo transliteraron como Belos, incorporándolo a su mitología y pasó al latín con la forma Belus.

En las primeras traducciones, el ideograma que representaba al dios sumerio Enlil era leído como equivalente al acadio Bel; aunque hoy se ha probado que esto es incorrecto, puede hallarse esta equivalencia en los estudios publicados durante el siglo XX.

Bel fue usado especialmente para designar al dios Marduk, y en tal sentido entra en la composición de varios nombres propios asirios y neo babilónicos. Del mismo modo, Belit fue usado como epíteto de Sarpanit, esposa de Marduk, sin embargo, también su madre conocida como Ninhursag,Damkina o Ninmah y otras divinidades femeninas de origen sumerio fueron llamadas Belit–ili (“Señora de los Dioses”) en acadio.

A través de los siglos, otros dioses también recibieron el título de Señor y fueron identificados, total o parcialmente, con Bel Marduk. También el Zeus Belos mencionado por San juniatón 2 como hijo de Crono es probable que se refiera a Marduk.

Menciones literarias

En los textos bíblicos Bel es nombrado en Isaías 46:1,3Jeremías 50:24 y 51:44.5 También en la sección deuterocanónica de Daniel (capítulo 14) se habla de Bel en un contexto satírico. En todos estos casos parece referirse al mismo Marduk anunciando su derrota y humillación como divinidad de los opresores de Israel.

Lucio Flavio Arriano menciona a Bel en el capítulo XVI del libro III de su Anábasis de Alejandro. Alejandro Magno, tras serle entregada la ciudad de Babilonia, ordena la reconstrucción de todos los templos destruidos por Jerjes “en especial el de Bel, a quien los babilonios veneran más que a cualquier otro dios”.

Hallazgos arqueológicos

En la ciudad iraquí de Hatra se encontró una estatua de Bel y en la ciudad de Palmira tenía un santuario que había llegado hasta nuestros días gracias a su conversión, primero en iglesia católica y después en mezquita musulmana.

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Muchos lectores de la Biblia-modernos y los orientales en general, sin saberlo adoran a un dios llamado Baal o Bel, cierto es que Baal es una palabra semítica de Señor, Dueño o Dios

Lo vistieron con ropas de un rey, el cetro y el trono que le dieron, y la guerra de armas incomparables como un escudo contra el adversario.
Relato de “Enuma Elish”.

‘Me voy. Hendidura vida de Tiamat, y pueden llevar a los vientos su sangre para fines secretos del mundo. ‘

Los viejos dioses habían asignado a Bel lo que iba a ser y lo que debe hacer, siempre conquistar, siempre teniendo éxito;

Entonces Marduk hizo un arco y encadenan a ser su propia arma, puso la flecha en contra de la cuerda del arco, en la mano derecha agarró la maza y la levantó, el arco y el carcaj colgado a su lado, relámpagos jugaban frente a él, que era del todo una nce calen.

Él anotó una red, una trampa para Tiamat; los vientos de sus barrios celebran que, viento del sur, del norte, viento del este, al oeste, y ninguna parte de Tiamat pudieran escapar.

Con la red, el don de Anu, que tuvo lugar cerca de su lado, él mismo levantó … 7

Al igual que el poderoso Indra, Marduk ahora emprende una guerra feroz que monta el carro tormenta, toma su arco con él el asesino, el despiadado, Trampler, y Prisa, que todo lo sabe cómo tanto el saqueo y el asesinato; cabalga al encuentro de los poderosos Tiamat y la encuentra en plena furia.

Cuando Tiamat le oyó su ingenio dispersos, estaba poseída y gritaban en voz alta, sus piernas temblaban de la entrepierna, ella atropelladamente hechizos, maldiciones entre dientes, mientras que los dioses de la guerra afilaban sus armas. 

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En esta última ciudad los restos arqueológicos fueron destruidos por el grupo terrorista Estado Islámico en 2015

El “Enuma Elish”, el cantar de la antigua Babilonia


Bajo la pala de los arquéologos, las arenas de Mesopotamia han ido devolviendo ciudades perdidas, ciudades de milenarios imperios pasados, de los cuales el hombre del siglo XIX a veces no sospechaba su remota existencia. Mundos extraños, con sus manifestaciones de arte y de ciencia, que nos dejan atónitos, empezaron a aparecer de entre las arenas, en las tierras regadas por el Eufrates y el Tigris.
Y los ladrillos escritos en cuneiformes nos aportaron una literatura tan antigua, que la griega es hoy no ya una etapa de comienzo sino de culminación dentro del mundo antiguo. Entre aquellos cantares rescatados, el “Enuma Elish” será siempre valioso por su contenido cosmogónico y por resultar la más alta manifestación de la épica de Babilonia durante el tiempo de la primera dinastía (entre los siglos XIX a XVII antes de J.C.).
Quizá, como los piensa King, el “Enuma Elish”, si nos atenemos a su fondo mítico originario, se remonte a una antigüedad aún más venerable, pero eso ya entra dentro de una cadena de suposiciones que no están todavía demostradas. De lengua arcaica, que recuerda el viejo dialecto babilonio, de métrica algo dura aún, trata este cantar el tema del entronizamiento del dios Marduk, que de antiguo dios de la ciudad pasó a ser, durante algunos siglos, por obra de las conquistas de Babilonia, la más importante divinidad de Mesopotamia. ¿Qué queda ahora de esa ciudad? ¿Qué resta ahora de ese dios? Se dejó de pensar en él y se disolvió, quedó convertido en objeto de curiosidad histórica, en héroe de un cantar antiguo, en estatua borrosa de la galería de los mitos.
El “Enuma Elish” es una flor sangrienta en la poética de Babilonia; en vano buscaremos en él dulzuras y delicadezas; canto duro es, donde ronda la muerte en acecho de los dioses y de los hombres. El título de este cantar exótico para nosotros, está formado por las palabras iniciales del primer verso, ya que los mesopotámicos tenían la costumbre de designar los cantares por las palabras de su comienzo:
“Enuma elish la nabu shamanu…”; este verso se traduce así: “Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados…”
Siete tablillas de barro cocido, con apretados cuneiformes -en cada una de aquéllas caben unos ciento cincuenta versos- constituyen este poema, que era nacional y sagrado, al punto que se recitaba en la fiesta de Akitu, la más importante de todas las del ceremonial sacro de aquel pueblo: en el cuarto día de Nizán -mes con el que empezaba a contarse el año en Mesopotamia- tenía lugar el recitado ritual del poema.
En un viejo texto se lee: “Después de una pequeña comida, el sacerdote Urigallu recitará al dios Bel, la mano levantada, el “Enuma Elish”, desde el comienzo al fin. Mientras él recite el Enuma Elish a Bel, la parte delantera de la tiara del dios Anu y el trono de Enlil estarán cubiertos”. Gaster recuerda que la imagen de Marduk era paseada por las calles y luego entronizada en un panteón. E incluso el ceremonial se hacía más ostentoso y rico, pues los demás dioses, representados por sus estatuas, eran sacados de sus respectivos templos para hacer a Madruk visitas reverenciales.
“Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados y en lo bajo la tierra no tenía aún nombre…”
Así, ya lo señalamos, comienza el poema. No existía más que la sustancia indiferenciada; las cosas sólo podían nacer si los demiurgos pronunciaban, entre ritos mágicos, el nombre de ellas. En la vieja doctrina de la palabra, del nombre o del verbo: se ordena que aparezca tal cosa, la que se halla sumergida en la sustancia indiferenciada y la cosa toma cuerpo, consistencia, existencia. Son muchas las similitudes que podrían ser citadas: la más conocida es la del Génesis Bíblico: Jehová crea por medio de la palabra: “Hágase la luz. Y la luz fue”. En el Popol Vuh de los mayas, los dioses dijeron: “¡Tierra! Y al instante nació”. Otros textos podrían ser también citados.
Al principio no existe sino el agua: el Apsu, deidad masculina, primordial y procreadora (el abismo inicial, la masa de agua dulce que los antiguos creían que rodeaba la tierra y que los griegos llamaban “Océano” y Tiamat, deidad femenina, el mar de aguas saladas. En las cosmogonías de todos los pueblos antiguos, lo primero que surge es el agua; luego la tierra, en medio del agua y después los astros. El cantar continúa así:
“El Apsu primordial y procreador y la tumultuosa Tiamat, madre de todos, mezclaban indistintamente las aguas,  cuando los despojos de los cañaverales no estaban amasados y los canales no se podían ver, cuando ningún dios había todavía aparecido ni recibido nombre, ni sufrido destino…”
El poema trata de pintar la serenidad y simplicidad iniciales de nuestro mundo, cubierto totalmente por las aguas; entonces las saladas y las dulces, dice, estaban mezcladas. No existía la tierra, ni el cielo lleno de estrellas. Pero poco a poco surgen generaciones de dioses, cada vez más importantes y activos, ante cuya potencia el mundo se transforma; así, el “Enuma Elish” alude primero a la creación de Lakhmu y Lakhamu, después a la de Anshar y Kishar, que significan “lo alto” y “lo bajo”, parejas de deidades que, como vemos, son más bien abstracciones filosóficas. Estos últimos tuvieron un hijo: Anu, el cielo, dios que es la contrapartida babilónica de An; éste último forma, junto con Enlil (la tierra) y Ea (el agua) la trinidad sumeria clásica. Entonces surgió la Actividad. El poeta anónimo da la idea de pasaje del estado de caos en reposo al del caos activo, de universo dormido a universo en movimiento, al narrar que multitudes de dioses que habían nacido turbaban a Tiamat por medio de movimientos desordenados, o sea no sometidos a una inteligencia superior.
“Turbaron, dice, los senos de Tiamat, retozando en el seno de las celestes moradas. Sus gritos no se debilitaban ni ante el mismo corazón de Apsu…”
Este, encolerizado, llega a la morada de Tiamat y le dice:
“Insoportable me es la conducta de los dioses. De día no puedo reposar, de noche no puedo dormir. Quiero aniquilarlos para dar término a sus agitaciones y que retorne el silencio, para que podamos volver al sueño”.
Se adivina en estas palabras la expresión simbólica, que señala la lucha entre el mundo sometido aún al estado de sueño y el mundo que trata de despertarse, de ser activo y manifestarse en vida. Los hindúes iban, más adelante, a desarrollar estos conceptos de manera hermosa y profunda, pero el germen de esas ideas ya estaban en el “Enuma Elish”.
No obstante, de entre los dioses activos se destaca Ea. Ea no es, como los demás, actividad desordenada, sino actividad inteligente; se le llama “el sabio” y más aún: “el omnisciente”. Su conjuro logra vencer al Apsu. “Derramó, dice el cantar, un sueño sobre el Apsu, tranquilamente adormecido; le hizo estremecerse volcándole un sueño”. Luego le da muerte, y sobre esas aguas (el Océano) erige su morada. En ella Ea engendra en Damkina, su esposa, a Marduk, el cual nace en el llamado “Santuario de los Arquetipos”. Marduk es, según los teólogos del Enuma Elish, el más grande de todos los dioses.
Así pasa el tiempo, y Tiamat, indignada a causa del viento que agita sus aguas, formándole olas, decide destruir a los dioses de la dinastía de Anu. Crea un ejército de monstruos: da a luz a serpientes, dragones, esfinges, leones gigantes, hombres escorpiones, centauros; en total, once especies de monstruos, al frente de los cuales coloca a un dios llamado Kingu, con el que se desposa y a los que concede los derechos divinos que antes tuvo Apsu.
“Andar al frente de los dioses, conducir la hueste, levantar el arma de la provocación, lanzar el asalto, ser jefe en la batalla, ella puso todo en sus manos y le hizo sentar en el Consejo diciéndole : “He echado una suerte para ti; te he exaltado en la Asamblea de los dioses. Sé exaltado, oh, esposo mío, tú, el ilustre y que tu palabra prevalezca sobre la totalidad de los Annunaki” (los grandes dioses). Le dio luego a Kingu la tablilla de los destinos y la ató sobre su pecho, diciéndole: “Que tu orden sea inmutable y firme tu palabra””.
Así los dioses del caos se preparan para luchar contra la tríada babilónica formada por Anu, Ea y Marduk; este último, como vemos, ha sustituído, en el “Enuma Elish”, a Enlil, de la vieja tríada sumeria.
Al principio las deidades temen el enfrentamiento, pero luego Marduk se ofrece a vencer a Tiamat y a Kingu, siempre que se le de el rango principal entre todos los dioses. Estos aceptan y exaltan a Marduk:
“En adelante tu palabra no se humillará más. Exaltar y abatir, tal será tu poder. Será estable la palabra de tu boca. Tu verbo no cambiará más. Ninguno entre los dioses franqueará tus límites… Marduk, tu eres nuestro vengador. Aquel que se confía a ti conserva su vida, pero el dios que ha concebido el mal derrama su vida”. (Versos 7 a 18 de la tablilla IV). Sin embargo, los dioses exigieron antes un prodigio de Marduk: “¡Para demostrarnos tu poder, di una sóla palabra mágica y esta prenda de ropa será destruída! ¡Repite esa palabra y volverá a estar intacta!” Marduk pronunció una palabra y he aquí que la túnica se deshizo; volvió a pronunciarla y la prenda recuperó su estado primitivo. Entonces, todos los dioses creyeron a Marduk; se inclinaron hasta el suelo ante él, le acordaron el cetro, el trono y el “pallu” (insignia real). El gran dios babilónico tiene, como las deidades guerreras de otras literaturas épicas, armas fantásticas: en este caso, el rayo y también una red para aprisionar a Timat. Monta en la tempestad como en un carro de guerra. Un detalle curioso de los preparativos: Marduk se pinta los labios con ocre para proteger su boca de las potencias maléficas y además lleva hierbas aromáticas para impedir ser vencido por el hedor de Tiamat y de las bestias que ella ha creado.
Como vemos, el “Enuma Elish” canta al principio un caos en expansión, simbolizado por la creación que Tiamat hace de seres monstruosos; a este caos se opone Marduk, que es el movimiento ordenado e inteligente. Pero el autor anónimo, por entre el tejido filosófico o teogónico, deja asomar al poeta; éste humaniza a esas fuerzas antagónicas y crea efectos de expectativa, dados por la preparación de ambas deidades contenedoras.
El combate entre Marduk y Tiamat es el combate entre dos magias: se decide cuando Marduk lanza el viento malo a la boca de Tiamat; este viento le impide cerrar las mandíbulas y devorar al dios; luego Marduk le atraviesa el corazón con su flecha. La derrota de Tiamat pone en fuga a los monstruos pero el dios babilónico los captura con su red y a Kingu le arrebata la tablilla de los Destinos. Luego, el cuerpo inanimado de Tiamat que, como recordamos era el mar, es dividido en dos partes: una de ellas forma la bóveda celeste, porque todos los pueblos primitivos creían era ésta un mar de arriba, que se había separado del mar terrestre por obra del arquitecto del mundo; los mitos difieren en sus detalles, pero el concepto es el mismo. La tablilla IV concluye señalando que Marduk construye en los cielos su gran palacio, el Esharra, pero las tablillas V y VI son de más valor, ya que narran cómo el dios vencedor del caos organiza el mundo.
Madruk crea primeramente las estaciones, y según sean unas u otras, dominan tales o cuales astros, los que fueron formados, junto con el sol, a continuación. Organiza los años y los divide en doce meses. Le merece al poeta anónimo mayor atención la creación de la luna, Nannar, a la que el dios encarga de la vigilancia y adorno de la noche y de la medida del tiempo:
“Todos los meses, sin cesar, harás signos con tu disco.Al principio del mes, cuando comiences a lucir en el país brillarán tus cuernos para indicar los seis primeros días; el séptimo día mostrarás la mitad de tu disco. En tu plenitud ponte en oposición con el sol: será la mitad del mes. Cuando el sol se te haya unido en el horizonte disminuye tu disco y comienza a decrecer. Al día de oscuridad aproxímate, del camino del sol. El día veintinueve ponte de nuevo en oposición con el sol”.
De distintas partes de Tiamat hace montañas, ríos (el Eufrates y el Tigris). También utiliza a las once especies de monstruos que Tiamat había creado y los hace sostener, transformados en estatuas, las puertas del Apsu. La tablilla V concluye con el anuncio de Marduk de edificar a Babilonia; en cuanto a la tablilla VI está dedicada a la creación del hombre.
“Madruk, al oír el llamado de los dioses decidió crear una gran obra. Tomando la palabra se dirigió a Ea, para escuchar su consejo sobre el plan que había concebido:
 
-Quiero crear una redecilla de sangre, formar una osamenta para producir una especie de ser cuyo nombre será “hombre”. Que sobre él recaiga el servicio de los dioses para el alivio de éstos”.
 
En casi todos los cantares y relatos cosmogónicos arcaicos aparece esta misma intención: el hombre es creado para servir a los dioses; esta servidumbre se manifiesta originariamente en dos aspectos fundamentales: alimentación y alabanza; la primera por medio de los sacrificios sangrientos y la segunda por los himnos laudatorios. De cualquier manera se trata de la primera hipótesis que el hombre se forja acerca de su razón de ser y estar en el mundo. Cuando los pueblos de las civilizaciones primitivas llegan a cierto grado de madurez, empiezan a ser mordidos por preguntas a las que buscan explicación por medio de éstos u otros mitos.
Ea aconseja a Marduk que para hacer el hombre no sacrifique a todos los dioses vencidos, sino a uno solo, al más culpable, que pague por todos y que redima al resto de los dioses vencidos. La Asamblea de las deidades encuentra que el más culpable, el que incitó a los demás fue Kingu. Así, pues, el hombre sustituye a los dioses condenados a la destrucción, asumiendo, en lugar de ellos, el carácter de efímeros, de sustancia perecedera. Con la sangre de Kingu, sangre divina, pero malvada y rebelde, están hechos los hombres y participan de esas características.
Asistimos así, en este cantar, a una de las más antiguas alusiones a la teoría de la transmisibilidad de las culpas. El hombre muere, pues, porque está hecho de sangre destinada a morir: es una especie de pecado original cometido en la época en que aún no era hombre. Esta tablilla explica, así, de manera mítica, la muerte, el pecado, la angustia, la sujeción a un orden natural impuesto, conforme lo entendieron los antiguos babilonios. No obstante, ya en Sumer existía otro relato acerca de la caída de los humanos, relato más conforme al texto bíblico: un cilindro nos presenta a un hombre y a una mujer sentados delante de un árbol de grandes frutos; del lado de la mujer hay una serpiente; esta explicación es más antigua que la del “Enuma Elish”, pero tiende a contestar míticamente las mismas preguntas eternas: ¿Por qué morimos? ¿Por qué cometemos acciones que nuestra conciencia rechaza?
Aquellos poetas arcaicos, perdidos en la noche de los tiempos, buscaban una solución a estas cuestiones y vertían en mitos su angustia existencial, mitos transmitidos en versos, a veces duros o extraños a nuestra sensibilidad, pero llenos de la resonancia mágica que viene de épocas tan lejanas y que nos demuestran que el corazón del hombre de Mesopotamia, cuyos cantares quedaron enterrados en las arenas durante treinta y hasta cuarenta siglos, también latía como el nuestro y también buscaba a tientas explicaciones frente a los muros infinitos del misterio, delante de los que nuestro existir se golpea como un pájaro preso en una jaula estrecha.
por Hyalmar Blixen
NOTA: podíamos deducir de todo esto, que la desaparición de el dios Marduk, o de su culto no fue una desaparición real, mas bien fue una trasformación, una trasformación de un Dios, Marduk con el trascurso de los años reapareció, reapareció convirtiéndose en lo que hoy día conocemos como simplemente “Dios” Marduk reapareció como YHVH- ELIL-EL-IL-EL o IL- ELohIL-ELOHIM.

El "Enuma Elish", el cantar de la antigua Babilonia


Bajo la pala de los arquéologos, las arenas de Mesopotamia han ido devolviendo ciudades perdidas, ciudades de milenarios imperios pasados, de los cuales el hombre del siglo XIX a veces no sospechaba su remota existencia. Mundos extraños, con sus manifestaciones de arte y de ciencia, que nos dejan atónitos, empezaron a aparecer de entre las arenas, en las tierras regadas por el Eufrates y el Tigris.
Y los ladrillos escritos en cuneiformes nos aportaron una literatura tan antigua, que la griega es hoy no ya una etapa de comienzo sino de culminación dentro del mundo antiguo. Entre aquellos cantares rescatados, el “Enuma Elish” será siempre valioso por su contenido cosmogónico y por resultar la más alta manifestación de la épica de Babilonia durante el tiempo de la primera dinastía (entre los siglos XIX a XVII antes de J.C.).
Quizá, como los piensa King, el “Enuma Elish”, si nos atenemos a su fondo mítico originario, se remonte a una antigüedad aún más venerable, pero eso ya entra dentro de una cadena de suposiciones que no están todavía demostradas. De lengua arcaica, que recuerda el viejo dialecto babilonio, de métrica algo dura aún, trata este cantar el tema del entronizamiento del dios Marduk, que de antiguo dios de la ciudad pasó a ser, durante algunos siglos, por obra de las conquistas de Babilonia, la más importante divinidad de Mesopotamia. ¿Qué queda ahora de esa ciudad? ¿Qué resta ahora de ese dios? Se dejó de pensar en él y se disolvió, quedó convertido en objeto de curiosidad histórica, en héroe de un cantar antiguo, en estatua borrosa de la galería de los mitos.
El “Enuma Elish” es una flor sangrienta en la poética de Babilonia; en vano buscaremos en él dulzuras y delicadezas; canto duro es, donde ronda la muerte en acecho de los dioses y de los hombres. El título de este cantar exótico para nosotros, está formado por las palabras iniciales del primer verso, ya que los mesopotámicos tenían la costumbre de designar los cantares por las palabras de su comienzo:
“Enuma elish la nabu shamanu…”; este verso se traduce así: “Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados…”
Siete tablillas de barro cocido, con apretados cuneiformes -en cada una de aquéllas caben unos ciento cincuenta versos- constituyen este poema, que era nacional y sagrado, al punto que se recitaba en la fiesta de Akitu, la más importante de todas las del ceremonial sacro de aquel pueblo: en el cuarto día de Nizán -mes con el que empezaba a contarse el año en Mesopotamia- tenía lugar el recitado ritual del poema.
En un viejo texto se lee: “Después de una pequeña comida, el sacerdote Urigallu recitará al dios Bel, la mano levantada, el “Enuma Elish”, desde el comienzo al fin. Mientras él recite el Enuma Elish a Bel, la parte delantera de la tiara del dios Anu y el trono de Enlil estarán cubiertos”. Gaster recuerda que la imagen de Marduk era paseada por las calles y luego entronizada en un panteón. E incluso el ceremonial se hacía más ostentoso y rico, pues los demás dioses, representados por sus estatuas, eran sacados de sus respectivos templos para hacer a Madruk visitas reverenciales.
“Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados y en lo bajo la tierra no tenía aún nombre…”
Así, ya lo señalamos, comienza el poema. No existía más que la sustancia indiferenciada; las cosas sólo podían nacer si los demiurgos pronunciaban, entre ritos mágicos, el nombre de ellas. En la vieja doctrina de la palabra, del nombre o del verbo: se ordena que aparezca tal cosa, la que se halla sumergida en la sustancia indiferenciada y la cosa toma cuerpo, consistencia, existencia. Son muchas las similitudes que podrían ser citadas: la más conocida es la del Génesis Bíblico: Jehová crea por medio de la palabra: “Hágase la luz. Y la luz fue”. En el Popol Vuh de los mayas, los dioses dijeron: “¡Tierra! Y al instante nació”. Otros textos podrían ser también citados.
Al principio no existe sino el agua: el Apsu, deidad masculina, primordial y procreadora (el abismo inicial, la masa de agua dulce que los antiguos creían que rodeaba la tierra y que los griegos llamaban “Océano” y Tiamat, deidad femenina, el mar de aguas saladas. En las cosmogonías de todos los pueblos antiguos, lo primero que surge es el agua; luego la tierra, en medio del agua y después los astros. El cantar continúa así:
“El Apsu primordial y procreador y la tumultuosa Tiamat, madre de todos, mezclaban indistintamente las aguas,  cuando los despojos de los cañaverales no estaban amasados y los canales no se podían ver, cuando ningún dios había todavía aparecido ni recibido nombre, ni sufrido destino…”
El poema trata de pintar la serenidad y simplicidad iniciales de nuestro mundo, cubierto totalmente por las aguas; entonces las saladas y las dulces, dice, estaban mezcladas. No existía la tierra, ni el cielo lleno de estrellas. Pero poco a poco surgen generaciones de dioses, cada vez más importantes y activos, ante cuya potencia el mundo se transforma; así, el “Enuma Elish” alude primero a la creación de Lakhmu y Lakhamu, después a la de Anshar y Kishar, que significan “lo alto” y “lo bajo”, parejas de deidades que, como vemos, son más bien abstracciones filosóficas. Estos últimos tuvieron un hijo: Anu, el cielo, dios que es la contrapartida babilónica de An; éste último forma, junto con Enlil (la tierra) y Ea (el agua) la trinidad sumeria clásica. Entonces surgió la Actividad. El poeta anónimo da la idea de pasaje del estado de caos en reposo al del caos activo, de universo dormido a universo en movimiento, al narrar que multitudes de dioses que habían nacido turbaban a Tiamat por medio de movimientos desordenados, o sea no sometidos a una inteligencia superior.
“Turbaron, dice, los senos de Tiamat, retozando en el seno de las celestes moradas. Sus gritos no se debilitaban ni ante el mismo corazón de Apsu…”
Este, encolerizado, llega a la morada de Tiamat y le dice:
“Insoportable me es la conducta de los dioses. De día no puedo reposar, de noche no puedo dormir. Quiero aniquilarlos para dar término a sus agitaciones y que retorne el silencio, para que podamos volver al sueño”.
Se adivina en estas palabras la expresión simbólica, que señala la lucha entre el mundo sometido aún al estado de sueño y el mundo que trata de despertarse, de ser activo y manifestarse en vida. Los hindúes iban, más adelante, a desarrollar estos conceptos de manera hermosa y profunda, pero el germen de esas ideas ya estaban en el “Enuma Elish”.
No obstante, de entre los dioses activos se destaca Ea. Ea no es, como los demás, actividad desordenada, sino actividad inteligente; se le llama “el sabio” y más aún: “el omnisciente”. Su conjuro logra vencer al Apsu. “Derramó, dice el cantar, un sueño sobre el Apsu, tranquilamente adormecido; le hizo estremecerse volcándole un sueño”. Luego le da muerte, y sobre esas aguas (el Océano) erige su morada. En ella Ea engendra en Damkina, su esposa, a Marduk, el cual nace en el llamado “Santuario de los Arquetipos”. Marduk es, según los teólogos del Enuma Elish, el más grande de todos los dioses.
Así pasa el tiempo, y Tiamat, indignada a causa del viento que agita sus aguas, formándole olas, decide destruir a los dioses de la dinastía de Anu. Crea un ejército de monstruos: da a luz a serpientes, dragones, esfinges, leones gigantes, hombres escorpiones, centauros; en total, once especies de monstruos, al frente de los cuales coloca a un dios llamado Kingu, con el que se desposa y a los que concede los derechos divinos que antes tuvo Apsu.
“Andar al frente de los dioses, conducir la hueste, levantar el arma de la provocación, lanzar el asalto, ser jefe en la batalla, ella puso todo en sus manos y le hizo sentar en el Consejo diciéndole : “He echado una suerte para ti; te he exaltado en la Asamblea de los dioses. Sé exaltado, oh, esposo mío, tú, el ilustre y que tu palabra prevalezca sobre la totalidad de los Annunaki” (los grandes dioses). Le dio luego a Kingu la tablilla de los destinos y la ató sobre su pecho, diciéndole: “Que tu orden sea inmutable y firme tu palabra””.
Así los dioses del caos se preparan para luchar contra la tríada babilónica formada por Anu, Ea y Marduk; este último, como vemos, ha sustituído, en el “Enuma Elish”, a Enlil, de la vieja tríada sumeria.
Al principio las deidades temen el enfrentamiento, pero luego Marduk se ofrece a vencer a Tiamat y a Kingu, siempre que se le de el rango principal entre todos los dioses. Estos aceptan y exaltan a Marduk:
“En adelante tu palabra no se humillará más. Exaltar y abatir, tal será tu poder. Será estable la palabra de tu boca. Tu verbo no cambiará más. Ninguno entre los dioses franqueará tus límites… Marduk, tu eres nuestro vengador. Aquel que se confía a ti conserva su vida, pero el dios que ha concebido el mal derrama su vida”. (Versos 7 a 18 de la tablilla IV). Sin embargo, los dioses exigieron antes un prodigio de Marduk: “¡Para demostrarnos tu poder, di una sóla palabra mágica y esta prenda de ropa será destruída! ¡Repite esa palabra y volverá a estar intacta!” Marduk pronunció una palabra y he aquí que la túnica se deshizo; volvió a pronunciarla y la prenda recuperó su estado primitivo. Entonces, todos los dioses creyeron a Marduk; se inclinaron hasta el suelo ante él, le acordaron el cetro, el trono y el “pallu” (insignia real). El gran dios babilónico tiene, como las deidades guerreras de otras literaturas épicas, armas fantásticas: en este caso, el rayo y también una red para aprisionar a Timat. Monta en la tempestad como en un carro de guerra. Un detalle curioso de los preparativos: Marduk se pinta los labios con ocre para proteger su boca de las potencias maléficas y además lleva hierbas aromáticas para impedir ser vencido por el hedor de Tiamat y de las bestias que ella ha creado.
Como vemos, el “Enuma Elish” canta al principio un caos en expansión, simbolizado por la creación que Tiamat hace de seres monstruosos; a este caos se opone Marduk, que es el movimiento ordenado e inteligente. Pero el autor anónimo, por entre el tejido filosófico o teogónico, deja asomar al poeta; éste humaniza a esas fuerzas antagónicas y crea efectos de expectativa, dados por la preparación de ambas deidades contenedoras.
El combate entre Marduk y Tiamat es el combate entre dos magias: se decide cuando Marduk lanza el viento malo a la boca de Tiamat; este viento le impide cerrar las mandíbulas y devorar al dios; luego Marduk le atraviesa el corazón con su flecha. La derrota de Tiamat pone en fuga a los monstruos pero el dios babilónico los captura con su red y a Kingu le arrebata la tablilla de los Destinos. Luego, el cuerpo inanimado de Tiamat que, como recordamos era el mar, es dividido en dos partes: una de ellas forma la bóveda celeste, porque todos los pueblos primitivos creían era ésta un mar de arriba, que se había separado del mar terrestre por obra del arquitecto del mundo; los mitos difieren en sus detalles, pero el concepto es el mismo. La tablilla IV concluye señalando que Marduk construye en los cielos su gran palacio, el Esharra, pero las tablillas V y VI son de más valor, ya que narran cómo el dios vencedor del caos organiza el mundo.
Madruk crea primeramente las estaciones, y según sean unas u otras, dominan tales o cuales astros, los que fueron formados, junto con el sol, a continuación. Organiza los años y los divide en doce meses. Le merece al poeta anónimo mayor atención la creación de la luna, Nannar, a la que el dios encarga de la vigilancia y adorno de la noche y de la medida del tiempo:
“Todos los meses, sin cesar, harás signos con tu disco.Al principio del mes, cuando comiences a lucir en el país brillarán tus cuernos para indicar los seis primeros días; el séptimo día mostrarás la mitad de tu disco. En tu plenitud ponte en oposición con el sol: será la mitad del mes. Cuando el sol se te haya unido en el horizonte disminuye tu disco y comienza a decrecer. Al día de oscuridad aproxímate, del camino del sol. El día veintinueve ponte de nuevo en oposición con el sol”.
De distintas partes de Tiamat hace montañas, ríos (el Eufrates y el Tigris). También utiliza a las once especies de monstruos que Tiamat había creado y los hace sostener, transformados en estatuas, las puertas del Apsu. La tablilla V concluye con el anuncio de Marduk de edificar a Babilonia; en cuanto a la tablilla VI está dedicada a la creación del hombre.
“Madruk, al oír el llamado de los dioses decidió crear una gran obra. Tomando la palabra se dirigió a Ea, para escuchar su consejo sobre el plan que había concebido:
 
-Quiero crear una redecilla de sangre, formar una osamenta para producir una especie de ser cuyo nombre será “hombre”. Que sobre él recaiga el servicio de los dioses para el alivio de éstos”.
 
En casi todos los cantares y relatos cosmogónicos arcaicos aparece esta misma intención: el hombre es creado para servir a los dioses; esta servidumbre se manifiesta originariamente en dos aspectos fundamentales: alimentación y alabanza; la primera por medio de los sacrificios sangrientos y la segunda por los himnos laudatorios. De cualquier manera se trata de la primera hipótesis que el hombre se forja acerca de su razón de ser y estar en el mundo. Cuando los pueblos de las civilizaciones primitivas llegan a cierto grado de madurez, empiezan a ser mordidos por preguntas a las que buscan explicación por medio de éstos u otros mitos.
Ea aconseja a Marduk que para hacer el hombre no sacrifique a todos los dioses vencidos, sino a uno solo, al más culpable, que pague por todos y que redima al resto de los dioses vencidos. La Asamblea de las deidades encuentra que el más culpable, el que incitó a los demás fue Kingu. Así, pues, el hombre sustituye a los dioses condenados a la destrucción, asumiendo, en lugar de ellos, el carácter de efímeros, de sustancia perecedera. Con la sangre de Kingu, sangre divina, pero malvada y rebelde, están hechos los hombres y participan de esas características.
Asistimos así, en este cantar, a una de las más antiguas alusiones a la teoría de la transmisibilidad de las culpas. El hombre muere, pues, porque está hecho de sangre destinada a morir: es una especie de pecado original cometido en la época en que aún no era hombre. Esta tablilla explica, así, de manera mítica, la muerte, el pecado, la angustia, la sujeción a un orden natural impuesto, conforme lo entendieron los antiguos babilonios. No obstante, ya en Sumer existía otro relato acerca de la caída de los humanos, relato más conforme al texto bíblico: un cilindro nos presenta a un hombre y a una mujer sentados delante de un árbol de grandes frutos; del lado de la mujer hay una serpiente; esta explicación es más antigua que la del “Enuma Elish”, pero tiende a contestar míticamente las mismas preguntas eternas: ¿Por qué morimos? ¿Por qué cometemos acciones que nuestra conciencia rechaza?
Aquellos poetas arcaicos, perdidos en la noche de los tiempos, buscaban una solución a estas cuestiones y vertían en mitos su angustia existencial, mitos transmitidos en versos, a veces duros o extraños a nuestra sensibilidad, pero llenos de la resonancia mágica que viene de épocas tan lejanas y que nos demuestran que el corazón del hombre de Mesopotamia, cuyos cantares quedaron enterrados en las arenas durante treinta y hasta cuarenta siglos, también latía como el nuestro y también buscaba a tientas explicaciones frente a los muros infinitos del misterio, delante de los que nuestro existir se golpea como un pájaro preso en una jaula estrecha.
por Hyalmar Blixen
NOTA: podíamos deducir de todo esto, que la desaparición de el dios Marduk, o de su culto no fue una desaparición real, mas bien fue una trasformación, una trasformación de un Dios, Marduk con el trascurso de los años reapareció, reapareció convirtiéndose en lo que hoy día conocemos como simplemente “Dios” Marduk reapareció como YHVH- ELIL-EL-IL-EL o IL- ELohIL-ELOHIM.

ENUMA ELISH tablilla 7ª


7tablets (1)
 
 
“Asaru, donador de la tierra labrantía, el que torna seguras las delimitaciones,
Productor de grano y legumbres, el que hace que brote la vegetación.
Asarualim, el que es preponderante en la casa de consejo, poderoso en consejo,
En quien los dioses esperan cuando están poseídos de terror.
Asarualimnunna, el lleno de gracia, la luz del padre su progenitor,
En que dirige los decretos de Anu, de Enlil y de Ea Ninigiku.
Él es su provisor, el que les asigna sus porciones;
Cuya tiara de cuernos es abundancia, que multiplica los campos para el país.
Tutu, el que realiza su restauración, es él.
Que él purifique sus santuarios a fin de que ellos estén complacidos,
Que trace su conjuro para que los dioses estén en paz.
Si se levantan en cólera, que él haga que atrás vuelvan sus pechos.
En verdad él es sumo en la asamblea de los dioses, sus padres,
Ninguno entre los dioses es su igual.
Tutu es Ziukinna, vida del coro de los dioses,
El que estableció para ellos los cielos sacrosantos;
El que gobierna sus sendas, determina sus cursos.
No lo habrá de olvidar el obnubilado. Que ellos recuerden sus hazañas.
A Tutu, en tercer lugar, lo han llamado Ziku, el que establece la santidad,
El dios del aliento benigno, el señor que escucha y accede;
El que produce riqueza y tesoro, establece abundancia;
El que ha convertido todas nuestras carencias en plenitud;
Aquél cuyo benéfico aliento aspiramos en nuestra pesarosa depresión.
Que ellos digan, que ellos exalten, que ellos celebren sus alabanzas.
A Tutu, en cuarto lugar, que la gente lo magnifique comoAgaku,
El señor del sacro conjuro, el que revive a los muertos;
El que tuvo misericordia de los dioses derrotados,
El que removió el yugo impuesto sobre los dioses enemigos suyos;
El que, para redimirlos, formó a la humanidad;
El misericordioso, en cuyo poder está el otorgar vida.
Que sus palabras perduren y no sean olvidadas
En las bocas de los de la cabeza negra, a quienes sus manos han producido.
Tutu, en quinto lugar, es Tuku, cuyo sacro encantamiento sus bocas musitarán;
El que con su conjuro sacro ha desarraigado a todos los que obran lo perverso.
Shazu, el que conoce el corazón de los dioses, el que escudriña las entrañas,
De quien el malo no puede escaparse;
El que instaura la asamblea de los dioses, regocija sus corazones;
El que subyuga al insumiso; su omnipresente protección;
El que dirige la justicia, extirpa el habla proterva,
Que lo torcido y lo derecho en sus lugares conserva separados.
Que a Shazu, en segundo lugar, lo exalten como Zisi, el que hace callaral rebelde,
El que desvía la consternación de los cuerpos de los dioses, sus padres.
Shazu es, en tercer lugar, Suhrim, el que a todos los
Enemigos los disipa con arma, el que frustra sus planes, dispersa a los vientos;
El que borra a todos los malvados, que se estremecen delante de él.
Que los dioses para siempre se regocijen, que le tributen alabanza tras alabanza.
Shazu es, en cuarto lugar, Suhgurim, el que da la seguridad
De ser escuchado; el que produjo a los dioses, sus padres;
El que disipa a los enemigos, destruye su progenie,
El que frustra sus obras, no dejando nada de ellas.
Que su nombre sea declarado y proclamado en el país.
A Shazu, en quinto lugar, habrán de alabarlo como Zahrim, el señor de lo viviente,
El que destruye a los adversarios, a los insubordinados todos;
El que a todos los dioses fugitivos volvió al hogar de sus capillas.
Que su nombre perdure.
A Shazu, además, en sexto lugar, habrán de rendirle todo honor corno Zahgurim,
El que a todos los enemigos aplastó en batalla.
Enbilulu, el señor que los hace prosperar, él es;
El poderoso que los llamó con nombre, el que instituyólas ofrendas de alimentos;
El que siempre ha reglamentado para el país abrevaderos y pastizales,
El que abre las fuentes y proporciona las aguas de abundancia.
A Enbilulu, en segundo lugar, habrán de glorificarlo como
Epadun, el señor que rocía los campos;
El que riega el cielo y la tierra, el que establece los surcos;
La represa y la zanja regula; el que delimita el surco.
A Enbilulu, en tercer lugar, habrán de alabarlo como
Enbilulu-Gugal, el que riega las plantaciones de los dioses;
Señor de abundancia, de opulencia de copiosas cosechas;
El que provee de riqueza, enriquece todas las moradas,
El que proporciona el mijo y hace que la cebada aparezca.
Enbilulu es Hegal, el que acumula abundancia para consumo de la gente,
El que causa plenitud de lluvia sobre la tierra produce vegetación.
Sirsir, el que amontonó una montaña encima de ella, Tiamat,
Que el cadáver de Tiamat arrebató con su arma,
El que apacienta al país, su fiel pastor;
Aquél cuya cabellera significa mieses, cuya tiara de cuernos significa surcos;
El que a la anchurosa Tiamat desplegó como bóveda en el día de su ira,
Tendiéndola como puente en el sitio del combate singular.
A Sirsir, en segundo lugar, lo han llamado Malah —así sea para siempre;
Tiamat es su navío y él navega en ella.
Gil, el que amontona cúmulos de grano, compactos montículos;
Que produce la cebada y el mijo proporciona simiente para la tierra.
Gilma, el que hace duradera la sublime mansión de los dioses,
productor de permanencia;
El aro que los mantiene unidos, el que les hace presente de las cosas buenas.
Agilma, el enaltecido, el que arranca la tiara socorre del malo,
El que forma las tierras encima de las aguas hace perdurables los cielos.
Zulum, el que distribuye los campos a los dioses, sus hijos;
El que otorga porciones y ofrendas de alimentos, supervisa sus capillas.
Mummu, el que produjo cielo y tierra, el que dirige las nubes,
El dios que santifica cielo y tierra, en segundo lugar, Zulummu;
Al que ningún otro entre los dioses puede igualar en poder.
Gishnumunab, productor de toda gente, el que hizo las regiones del mundo;
Destructor de los dioses de Tiamat, el que hizo a los hombres de su sustancia.
Lugalabdubur, el rey que frustró la obra de Tiamat, disipó sus armamentos;
Cuyo cimiento se halla establecido firmemente adelante y atrás.
Pagalguenna, delantero de todos los señores, cuya fuerza es sobresaliente;
El que es preeminente entre los dioses, sus hermanos, señor de todos ellos.
Lugaldurmah, el rey, ligamen de los dioses, señor del Durmah,
El que es preeminente en la mansión de la realeza, el más enaltecido de los dioses.
Aranunna, consejero de Ea, productor de los dioses, sus padres,
Cuyos modos principescos cualesquiera de los dioses no los pueden igualar.
Dumuduku, Cuya morada sacra se renueva en el Duku;
Dumuduku, sin el cual Lugaldukugga no resuelve ninguna decisión.
Lugalanna, el rey, cuyo poder es sobresaliente entre los dioses;
El Señor, fuerza de Anu, el que llegó a ser sumo por llamamiento de Anshar.
Lugalugga, el que los derrotó a todos ellos en el centro de la lucha;
El que abarca toda sabiduría, amplio de comprensión.
Irkingu, el que a Kingu derrotó en la espesura de la batalla;
El que tiene en sus manos las instrucciones para todos, que establece gobierno.
Kinma, el que dirige a todos los dioses, el donador de consejo;
A cuyo nombre todos los dioses tiemblan de terror, como ante la tormenta.
Esiskur, habrá de sentarse en alto sitial en la casa de la plegaria;
Que los dioses traigan sus presentes delante de él,
Que ellos reciban sus porciones.
Ningún dios puede, sin él, obrar obras llenas de arte.
Los cuatro de los de la cabeza negra están entre sus creaturas.
Aparte de él, ningún dios sabe la respuesta en cuanto a sus días.
Gibil, el que mantiene aguzada la punta del armamento;
El que obró obras llenas de arte para la batalla contra Tiamat;
El que posee vasta sabiduría, es acabado en discernimiento,
Cuyo corazón es tan amplio que los dioses, todos ellos, no lo pueden abarcar.
Addu sea su nombre, la totalidad del firmamento plázcale recubrir.
Plazca a su benéfico rugido ser siempre grávido sobre la tierra;
Plázcale, en cuanto rayo, reducir las nubes; abajo, para las
Gentes, plázcale proporcionar manutención.
Asharu, el que, como su nombre, organizó a los dioses de los destinos;
Del nocturno reposo de todos los dioses él está en verdad encargado.
Nebiru, habrá de tener en su poder las encrucijadas del cielo y de la tierra
De modo que arriba y abajo ellos no podrán cruzarlas;
Siempre tendrán que recurrir a él.
Nebiru es su estrella, que en el firmamento él ha hecho rutilar.
Verdaderamente ella ocupa el punto de su centro, hacia ella en verdad ellos miran
Dicen: ‘De ése que por el centro de Tiainat incansablemente cruza,
Sea su nombre Nebiru, el que tiene en su poder su centro’.
Plázcale mantener el curso de las estrellas en el cielo;
Plázcale apacentar a los dioses, como a corderos.
Plázcale vencer a Tiamat, que su vida sea estrecha y corta;
En el futuro de la humanidad, cuando los días hayan envejecido,
Que ella retroceda sin cesar, que permanezca alejada para siempre.
Porque él formó los espacios y modeló la tierra firme,
El Padre Enlil llamó su nombre Señor de los Países”.
Todos los nombres que los Igigi proclamaron,
Cuando Ea los hubo oído, su ligado se regocijó:
“Aquél cuyos nombres sus padres han glorificado,
Ése es, en verdad, como yo; su nombre será Ea.
La totalidad de la suma de mis ritos, él la administrará;
Todas mis instrucciones, él las ejecutará”.
Con el nombre de “Cincuenta” los grandes dioses
Proclamaron a aquél cuyos nombres son cincuenta, e hicieron
Supremo su camino”.

ENKI Y ADN

Epílogo:

Que sean conservados, que el príncipe los explique,
Que el sabio y el conocedor conjuntamente comenten.
Que el padre recite y imparta al hijo.
Que los oídos del pastor y del zagal se abran.
Que él se regocije en Marduk, el Enlil de los dioses,
A fin de que sea fértil su tierra y él pueda prosperar.
Firme es su orden, no alterable su mandamiento;
La prolación de su boca ningún dios la puede cambiar.
Cuando mira indignado, jamás desvía su cuello;
Cuando se halla iracundo, ningún dios lo puede resistir.
Inescrutable es su corazón, generosa la disposición de su ánimo.
El pecador y el criminal transgreden ante él.
Esta enseñanza, que antes de él se recitaba, un primero
La escribió y la dejó para instrucción de los futuros.
Del héroe, Marduk, a quien los dioses, los Igigi han engendrado,
…que en el país sea proclamado el nombre.
Que se dé a conocer el cantar de Marduk,
El que encadenó a Tiamat y alcanzó la soberanía.

ENUMA ELISH tablilla 6ª


7tablets (1)

El rescate de los dioses derrotados: creación y destino del hombre:

Oye Marduk las palabras de los dioses
Su corazón lo apremia a modelar obras llenas de arte.
Abriendo su boca, se dirige a Ea
Para escuchar consejo acerca de lo que a si mismo se había dicho en su corazón:
“Entretejeré sangre ensamblaré huesos.
Suscitaré un ser humano, Hombre será su nombre.
En verdad, construiré al ser humano Hombre.
Estará encargado del servicio de los dioses; que ellos puedan estar en paz.
Los modos de los dioses alteraré con arte:
Aunque igualmente reverenciados, en dos estarán divididos”.
Ea le respondió, hablando con él una palabra
A fin de referirle su designio para el alivio de los dioses:
“Que uno solo de sus hermanos sea entregado;
Él solo perecerá para que la humanidad pueda ser modelada
Que los grandes dioses se hallen aquí en asamblea;
Que el culpable sea entregado, para que ellos puedan perdurar”.
Marduk convocó a los grandes dioses para la asamblea;
Ordenando graciosamente, expidió instrucciones.
A su prolación pusieron cuidado.
El Rey a los Anunnaki dirigió una palabra:
“Si vuestra anterior declaración fue verdadera,
La verdad, bajo juramento, declarad delante de mí.
¿Quién fue el que discurrió sublevación
E hizo a Tiamat rebelarse, y entabló batalla?
Que ése sea entregado, el que discurrió sublevación.
Yo le haré cargar con su culpa. Vosotros podréis habitar en paz”.
Los Igigi, los grandes dioses, respondieron
A Lugaldimmerankia, consejero de los dioses, su señor:
“Kingu fue quien discurrió sublevación
E hizo a Tiamat rebelarse, y entabló batalla”.
Lo ligaron; presentáronlo asido delante de Ea.
Impusieron sobre él su culpa, y cortaron su sangre.
De su sangre, modelaron a la humanidad.
Él le impuso el servicio, y dejó libres a los dioses.
Después de que Ea, el sapiente, hubo formado a la humanidad,
Hubo impuesto sobre ella el servicio de los dioses
—esta obra estaba más allá de toda comprensión
Por cuanto que, según el plan lleno de arte de Marduk, Nudimmud la formó—,
Marduk, rey de los dioses, dividió
A todos los Anunnaki arriba y abajo.
Asignó a Anu, para que observase sus instrucciones,
Trescientos, en el cielo apostó como guardia.
De la misma manera los modos de la tierra definió.
En el cielo y sobre la tierra, seiscientos estableció.

El agradecimiento de los dioses a Marduk:

Después de que hubo ordenado todas las instrucciones
A los Anunnaki de cielo y tierra hubo repartido sus partes,
Los Anunnaki abrieron sus bocas
Y dijerón a Marduk, señor suyo:
“Ahora, oh Señor, tú que has hecho nuestra liberación,
¿Cuál será para ti nuestro homenaje?
Construyamos cuyo nombre será llamado ‘Santuario’;
Será una cámara para nuestro reposo nocturno; descansaremos en él.
Erijamos un lugar de retiro para morada suya;
El día en que lleguemos reposaremos en él”.
Cuando Marduk escuchó estas palabras,
Esplendieron brillantemente sus facciones, como el día:
“Edificad Babilonia, cuya construcción habéis apetecido;
Que su mampostería sea modelada. La llamaréis ‘El Santuario’.
Los Anunnaki manejaron la azada.
Durante todo un año modelaron ladrillos.
Cuando llegó el segundo año,
Levantaron alto la cúspide del Esagila, contraparte del Apsu
Habiendo edificado una ziqqurat tan alta como el Ápsu,
Para Marduk, Enlil Ea erigieron en habitación su templo.
Majestuosamente se sentó él en presencia de ellos.
Hacia los cimientos del Esharra sus cuernos miran.
Luego de que hubieron ejecutado la edificación del Esagila,
Los Anunnaki a sí mismos se levantaron sagrarios.

La ceremonia en el Esagila:

Los trescientos Igigi de los cielos, los seiscientos del
Abismo fueron todos congregados
Por el Señor en el santuario que habían construido para morada suya.
A los dioses, sus padres, a su banquete sentó:
“Esta es Babilonia, la residencia de vuestro hogar;
Divertíos en sus precintos, ocupad sus anchuras
Los grandes dioses ocuparon sus sitiales,
Instalaron la bebida festiva, se sentaron para el banquete.
Después de que se hubieron regocijado dentro de él,
En el espléndido Esagila hubieron cumplido los ritos,
Las normas hubieron sido establecidas, determinadas las determinaciones,
Las estaciones del cielo y de la tierra fueron repartidas entre todos los dioses.
Los cincuenta grandes dioses ocuparon sus sitiales.
Los siete dioses del destino instalaron a los trescientos en el cielo
Anu levantó el arco, su arma, y depositó delante de ellos.
Los dioses, sus padres, vieron la red que había hecho.
Cuando contemplaron el arco, qué habilidosa su forma,
Sus padres alabaron la obra que había obrado.
Levantándolo, Anu habló en la asamblea de los dioses
Mientras besaba el arco: “Esto es mi hijo”.
Nombró luego los nombres del arco, como sigue:
“Madero-Largo es el primero, el segundo es …;
Su tercer nombre es Constelación del Arco, en el cielo lo he hecho brillar”.
Fijó su posición entre los dioses, sus hermanos.
Después de que Anu hubo destinado el destino del arco,
Colocado delante de los dioses el espléndido trono real,
Anu lo hizo sentar en la asamblea de los dioses.
Los grandes dioses se reunieron en asamblea,
Exaltaron para siempre el destino de Marduk.
Pronunciaron una imprecación contra ellos mismos
Jurando por agua y por aceite, tocándose las gargantas,
Le confirieron el ejercicio de la soberanía sobre los dioses,
Lo confirmaron en el dominio sobre los dioses del cielo y de la tierra.
Anshar proclamó supremo su nombre Asaruluhi:
“Rindamos homenaje humilde al sonido de su nombre;
Cuando hable, que los dioses le hagan aprecio,
Que arriba y abajo sea sumo su mandamiento.
Extraordinariamente enaltecido sea el Hijo, nuestro vengador;
Que su soberanía sea sobresaliente, sin conocer rival.
Plázcale apacentar a los de la cabeza negra, sus creaturas;
Que hasta el fin de sus días, sin negligencia, ellos aclamen sus caminos.
Plázcale instituir para sus padres las grandes ofrendas de alimentos;
Sus sustentos se les proporcionarán, se atenderá a sus santuarios.
Plázcale hacer que sean olidas ofrendas aromáticas, que éstas hagan
Que se regocijen sus santuarios,
Semejanza en tierra de lo que ha obrado en el cielo.
Plázcale ordenar a los de la cabeza negra que les tengan temor;
Que los vasallos tengan siempre en la mente a su dios
Y que, a la palabra suya, hagan aprecio de la diosa.
Que ofrendas de alimentos sean llevadas sus dioses ydiosas;
Sin negligencia, que ellos sustenten a sus dioses.
Que mejoren las tierras, que edifiquen sus sagrarios;
Que los de la cabeza negra sirvan a sus dioses.
En cuanto a nosotros, cualquiera que sea el nombre con que lo
Llamemos, él es nuestro dios.
Proclamemos, pues, sus cincuenta nombres:

Los cincuenta nombres de Marduk:

“Aquél cuyos caminos son gloriosos, cuyos actos de igual manera,
Marduk, como Anu, su padre, lo llamó desde su emersión;
El que provee pastizales y abrevaderos, enriquece sus pesebres;
El que con la Tromba, arma suya, derrotó a los reacios,
Que a los dioses, sus padres, rescató de la calamidad.
Verdaderamente el Hijo del Sol es él, el más radiante de los dioses:
En su brillante luz caminen ellos para siempre.
Sobre el pueblo que produjo, que dotó de aliento,
Impuso el servicio de los dioses; que éstos pudiesen estar en paz.
Producción, destrucción, liberación, merced
Serán por su mandamiento. Ellos habrán de levantar sus ojos hacia él.
Marukku en verdad es el dios, productor de todo;
El que alegra el corazón de los Anunnaki, pacifica sus hígados.
Marutukku, en verdad es el refugio del país, protección de su gente,
A él la gente perpetuamente dará alabanza.
Barashakushu, se levantó y tomó posesión de sus riendas;
Ancho es su corazón, calurosa la disposición de su ánimo.
Lugaldimmerankia es su nombre que nosotros proclamamos en
Nuestra asamblea;
Los mandamientos de su boca hemos exaltado por encima de los
Dioses, sus padres.
En verdad él es el señor de todos los dioses del cielo y de la tierra,
El rey ante cuya indignación se entristecen los dioses de arriba y de abajo.
Nari-Lugaldimmerankia es el nombre
De él a quien hemos llamado preceptor de los dioses;
El que en el cielo y sobre la tierra funda sitiales para nosotros en tribulación
Y reparte estaciones a los Igigi y a los Anunnaki.
A su nombre, los dioses se estremecerán temblarán en el sitial.
Asaruludu es el nombre de él que Anu, su padre, proclamó para él;
Él es verdaderamente la luz de los dioses, el potente conductor,
El que, como los espíritus protectores de los dioses y del país,
En violento combate singular salvó nuestros sitiales en desgracia.
A Asaruludu, en segundo lugar, lo han llamadoNamtilaku, el dios que mantiene la vida;
El que a los dioses perdidos restauró a modo de creaturas propias,
El Señor que revive a los dioses muertos con su encantamiento puro;
El que destruye a los díscolos enemigos. ¡Alabemos su proeza!
Asaruludu, cuyo nombre fue, en tercer lugar, llamadoNamru,
El brillante dios que ilumina nuestros caminos”.
Tres de sus nombres cada uno han Ansiar, Lahmu y Lahamu proclamado;
Hacia los dioses, sus hijos, los pronunciaron:
“Hemos proclamado cada uno tres de sus nombres;
Como nosotros, vosotros pronunciad sus nombres”.
Los dioses se regocijaron e hicieron aprecio de su mandamiento,
Mientras en Ubshukinna cambiaban consejos:
“Del heroico Hijo, nuestro vengador, de nuestro sostén, exaltemos los nombres”.
Se sentaron en la asamblea para modelar destinos, todos ellos
Pronunciando sus nombres en el santuario.

ENUMA ELISH tablilla 5ª


7tablets (1)

Afianzamiento final del cosmos:

Dobló hacia atrás su cola, la aseguró al Durmah
Para contener la masa del Apsu bajo sus pies.
Puso en posición su anca, ésta afianzó los cielos.
Abovedado quedó el cielo y la tierra quedó fija.
… polvo hizo manar del corazón de Tiamat.
Extendió alrededor su red, la desplegó por entero.
Habiendo edificado los cielos y la tierra …,
… que sus ligámenes permaneciesen estrechamente entretejidos.

El coronamiento de la creación; erección de santuarios y anuncio de la edificación de Babilonia:

Luego de que hubo configurado sus ordenanzas, dado forma a sus decisiones,
Instituyó santuarios, hizo a Ea que los poseyese.
Presentó las tablillas de los destinos, que había retirado a Kingu;
Las constituyó en primera dádiva de amistad, de ellas hizo don a Anu.
A los dioses que se le habían rendido, que él había dispersado,
Ligados los condujo ante la presencia de sus padres.
Y de las once creaturas que Tiamat había hecho ser y …,
Cuyos armamentos habían sido rotos, de las que había encadenado a su pie,
Modeló las efigies, las colocó en las puertas del Apsu
En tanto que decía: “Este ha de ser un signo que jamás será olvidado”.
Vieron los dioses y sus entrañas exultaron. Se alegraron y se regocijaron
Lahmu, Lahamu y todos sus padres.
Hacia él vino Anshar, el rey, proclamando su salutación para él;
Anu, Enlil y Ea le ofrecieron regalos.
Con obsequios congratulatorios su madre, Damkina, hizo que él se regocijase;
Le hizo llegar presentes de homenaje y con ellos su rostroresplandeció.
Y a Usmu, que a su morada secreta llevó los presentes gratulatorios de ella,
Confirió el ser mensajero del Apsu la supervisi6n de los Santuarios.
Los Igigi se congregaron, todos ellos se prosternaron en su presencia;
Los Anunnaki, cuantos eran, le besaron los pies.
En su totalidad se reunieron los dioses, juntos lo adoraron lanzándose rostro a tierra;
Frente a él estuvieron de pie, se inclinaron y dijeron: “El es el rey”.
Luego de que los dioses, sus padres, se hubieron embriagado de su prestancia,
… el polvo del combate.
… le eran obedientes.
Se revistió con su vestidura de príncipe,
Con su halo de rey, con la corona de tremenda majestad.
Levantó su maza, hizo que su mano derecha la empuñase;
Tensó su arco, lo colocó sobre su espaldal.
Con su izquierda sostuvo firmemente el cetro soberano.
Ea y Damkina …;
Abrieron sus bocas para decir a los grandes dioses, los Igigi:
“Hasta ahora Marduk era nuestro hijo muy amado,
Ahora es nuestro rey, glorifiquemos su nombre”.
Nuevamente, dijeron todos juntos:
“Lugaldimmerankia será su nombre; confiad todos en él”.
Y cuando a Marduk hubieron otorgado la soberanía,
Pronunciaron para él su conjuro de paz y de propiciación:
“Desde este día has de ser tú el custodio de nuestros santuarios;
Cuanto dispongas tú, nosotros lo ejecutaremos”.
Marduk abrió su boca para hablar
Y a los dioses, sus padres, dirigió la siguiente palabra:
“Por encima del Apsu, en donde habéis estado residiendo,
Su contraparte, Esharra, que yo mismo he levantado por encima de vosotros,
Debajo, he endurecido el suelo como lugar para construcción.
Una mansión edificaré ahí, mi más preciosa morada.
Un área sagrada delimitaré dentro de ella;
En ella instalaré mi sacra cámara, estableceré en ella mi soberanía.
Cuando desde el Apsu hayáis de subir para la asamblea,
Estará ahí el lugar de vuestro reposo nocturno para recibiros a todos;
Cuando desde los cielos hayáis de bajar para la asamblea,
Estará ahí el lugar de vuestro reposo nocturno para recibiros a todos.
KADINGUIR he de llamar su nombre, “Sector residencial para los grandes dioses”.
La edificaré con pericia de maestros”.

La reorganización del gobierno del mundo:

Cuando los dioses, sus padres escucharon esta palabra suya,
Con esta pregunta interrogaron a Marduk, su primogénito:
“Sobre todo lo que tus manos han constituido,
¿Quién tendrá tu jurisdicción?
Sobre el suelo que tus manos han constituido,
¿Quién tendrá tu poder?
En Babilonia, a la que has denominado con un nombre propicio
Ahí funda nuestra morada para siempre.
Que los dioses derrotados nos aporten nuestras porciones cotidianas.
Que tu juridicción quede confiada a nuestras manos;
Que ninguno usurpe nuestros ministerios, los que ya desde antes ejercíamos.
Ahí… su trabajo …”.
A la palabra suya, Marduk se regocijó,
Respondió a estos dioses acerca de lo que le habían interrogado.
El que abatió a Tiamat les señaló la luz;
Abrió su boca, señorial fue su palabra:
“Verdaderamente sobre ellos recaerá el aportaros vuestras porciones cotidianas,
Y mi jurisdicción ha de quedar confiada a vuestras manos”.
Delante de él se prosternaron los dioses, dirigiéndose a él;
A Lugaldimmerankia, su señor, dijeron de este modo:
“Hasta ahora el Señor era el hijo muy amado;
Nuestro rey es ahora, glorifiquemos su nombre.
El, cuyo sacro encantamiento nos ha hecho vivir,
Él es el señor del halo, del cetro y de la maza.
Ea, que conoce la pericia de todas las maestrías,
Habrá de hacer los planos, y nosotros seremos los obreros.