¿QUÉ ES DIOS PARA LA HUMANIDAD?


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En la cultura occidental, el término “dios” normalmente se ha referido al concepto teísta de “un ser supremo personal”, diferente de cualquier otro ser. El teísmo clásico afirma que Dios posee toda posible perfección, incluyendo cualidades tales como la omnisciencia, la omnipotencia y la total benevolencia, y que es providente con su creación.

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Sin embargo, esta definición no es la única posible definición de Dios. Otros enfoques filosóficos, lógicamente, toman una simple definición de Dios como “motor inmóvil” o “causa incausada”, o “el creador definitivo”, o “un ser superior, sobre el cual nada puede ser concebido”, a partir de lo cual se pueden deducir sus propiedades clásicas. Por el contrario, el panteísmo no cree en un Dios personal. Por ejemplo, Spinoza y sus seguidores filosóficos (por ejemplo, Einstein) utilizan el término “Dios” en un sentido filosófico particular, para significar, aproximadamente, la sustancia o principios esenciales de la naturaleza.

En la rama del hinduismo denominada “advaita vedanta”, la realidad se considera en última instancia un único ser, ajeno a las cualidades y al cambio, llamado ningún “Brahman”: “Bráhman sin cualidades”, que se supone más allá de la comprensión humana ordinaria; siendo el mundo que normalmente percibimos, compuesto de pluralidad de objetos, provocado por las consecuencias de nuestras acciones. La filosofía advaita introduce el concepto de “saguna Brahman”: “Bráhman con cualidades” o “Ishvará” como una manera de referirse a ese Brahman ante el pueblo. A este “Ishvará” sí se le atribuyen cualidades tales como la omnisciencia, la omnipotencia y la benevolencia.

 

 

Las religiones politeístas utilizan la palabra “dios” para múltiples seres con diversos grados de poder y habilidades, que en relatos como los de la mitología grecorromana (Homero, Hesíodo, Virgilio, Ovidio) aparecen antropomorfizados, con vicios y virtudes humanas (luchando, engañando, discutiendo, etc.).

La palabra “Dios” (en latín “Deus”), parece proceder de la raíz aria “divus”, e implica “la idea de luz, luminosidad”. Usualmente, por Dios, se entiende, con mayor o menor precisión, según la cultura teológica de quien emplea la palabra, el Ser óptimo, ordenador del universo y trascendente al mismo, ser personal y providente, principio y fin de todo. El Concilio Vaticano I precisó cuidadosamente el sentido que dan los católicos al término Dios, frente a las posiciones ateas y panteístas.

 

El existir, aplicado a Dios, se refiere, por supuesto, a un existir real, objetivo; no a una mera realidad de conciencia, de imaginación o de cultura, en que piensan los profetas de “la muerte de Dios”. Debemos precisar, además, que el verbo existir, dicho de Dios, debe ser entendido sin la nota de dependencia u origen que sugiere el prefijo “ex” (“ex sistere”, en latín), dando al verbo “ser” (“ese”, en latín) toda su intensidad óntica, que es más que el durar cosmológico: Dios no existe, es simplemente.

El tema de la existencia de Dios se presenta como problema en dos sentidos y momentos distintos. En primer lugar, en el sentido de demostrabilidad, que supone o implica dos cosas: que la existencia de Dios no es un dato evidente, simplemente observable (en ese caso sería mostrable, no demostrable); y que, no siendo evidente en sí, se puede llegar a su conocimiento por vía de demostración o conocimiento científico. En segundo lugar, supuesta la posibilidad de indagar su existencia, queda el problema de la demostración o realización de aquella posibilidad.

Las causas eficientes que obran en la naturaleza, si bien actúan o causan de una manera real o efectiva, dependen, sin embargo, de otra causa para ser y para obrar. Así, por ejemplo, el crecimiento de las cosechas depende (en parte) de las lluvias caídas sobre los campos; éstas, de la formación de las nubes; éstas, de la condensación del vapor, el cual procede de la evaporación de los mares, etc.

Esto nos revela que todas las causas que actúan en el mundo tienen el carácter de causas segundas, es decir, de causas causadas, y que todas las cosas que obran son contingentes (o no tienen en sí mismas la causa de su ser).

Es preciso entonces buscar una Causa Primera, causa de sí misma, que explique el ser de cuanto es y la actuación de todas las causas segundas que en sucesión o en simultaneidad obran en el mundo.

Si lo que conocemos es, ante todo, las cosas finitas, y si éstas no tienen en sí mismas su causa o razón de ser, será necesario que exista una causa o razón suprema. Si esta causa fuera incognoscible o si no existiera, habría que declarar fracasada la empresa humana de saber y la filosofía como ciencia de las causas últimas.

 

3 Respuestas a “¿QUÉ ES DIOS PARA LA HUMANIDAD?

  1. Coincido con muchas cosas, las otras las desconocía, interesante post, muy filosófico, para reflexionar a fondo, me gustó e interesó, mucho, por eso lo comparto, con tu permiso.
    Un abrazo de luz

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