Emma González Gil – Omm Sethi, la Dama de Abidos


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Queridos lectores,

69613_4992307899971_125186781_nEmma González Gil es una egiptóloga española. Su gran pasión es el Antiguo Egipto. En el enclave de Abidos, a unas 3 horas en coche al norte de Luxor, se encuentran varios yacimientos arqueológicos de gran importancia, como es el caso del Templo de Seti I y el Osireion. La Dra. González nos brinda la oportunidad de viajar a través del tiempo para conocer de cerca un personaje inaudito: Omm Sehti.

Dorothy Luise Eady, conocida mundialmente como Omm Sethi, es uno de aquellos personajes que sobrepasan el listón de la singularidad para convertirse en algo verdaderamente  anómalo y extraordinario.

Debido a toda una serie de circunstancias traumáticas y excepcionales, Dorothy descubrió, cuando tan solo era una adolescente, que en otra vida, fue una joven llamada Bentreshyt y que su corta existencia, había transcurrido en el templo de Abidos durante el reinado del faraón Sethi I, con quien mantuvo…

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NASA publica los verdaderos mapas completos de la Luna. Ra Station Club


Las Tinieblas de la Mente

Desde Ra Station Club les preguntamos, ¿qué nos dicen sobre; la profundidad de los impactos, es evidente que sean del diámetro que sean todos tienen la misma profundidad, que tipo de capa protectora mantiene la Luna que no es atravesada a partir de cierta profundidad, estimada en 3km de profundidad?. Ra Station Club. 26 de abril, 2015.

Cuando sepamos la verdadera naturaleza de la Luna sabremos el verdadero origen de la humanidad. .Olmo. RSC

Fuente: http://www.rastationclub.blogspot.com.ar/2015/04/nasa-publica-los-verdaderos-mapas.html

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ASHERAH: LA “ESPOSA”DE -DIOS


Dios, también conocido como Yahveh, tenía esposa y se llamaba Asherah, según revelan diversos hallazgos arqueológicos

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Asherah, la esposa de Dios que fue “expulsada” de los textos bíblicos según ciertos expertos

Una inscripción en una antigua vasija hallada en la Península del Sinaí, en pleno desierto, contenía una escritura en hebreo que según los traductores manifestaba una súplica de bendición a la dualidad divina compuesta por “Yahveh y Asherah”.

De igual forma, los hallazgos de una serie de amuletos y figuras al norte de Israel y el sur de Siria, permiten entender que ciertamente existió una devoción real por “Asherah”, unida a la adoración a Yahveh.

Al parecer, eran definitivamente una pareja. Probablemente, Yahveh hacia las veces de “Dios Padre” o “esposo” de Asherah. Y ella, por su parte, era la “Diosa madre”, la que dio origen a todos los hombres.

La Biblia, podríamos decir, que así lo confirma. Fue tal la idolatría que sintió el pueblo de Israel por esta deidad, que habrían levantado una estatua en su honor en el mismísimo Templo de Salomón (2 Reyes 21:7; 23:6,7).

La primera vez que es nombrada en el Antiguo Testamento, es en Éxodo 34:13,14: “Más derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asherah. Porque no te has de inclinar ante ningún otro dios, pues Yahveh, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es”.

Si leemos el Libro de los Reyes y las Crónicas, hallaremos que casi todos los monarcas de Judá y de Jerusalén mantenían altares a un buen número de deidades. Pero, por sobre todas estas divinidades, siempre destacaba el altar dedicado a esta diosa.

Sin embargo, siempre topamos con el continúo reclamo del Señor, Dios, Yahveh o Jehová, ante esta idolatríaabominable.

Raphael Patai, en 1967, fue el primer historiador en sugerir que el antiguo pueblo judío adoraba tanto a Yahveh como a Asherah.

Así, Dios, supuestamente tendría una esposa, de quien el Libro de los Reyes sugiere era adorada junto a Yahveh en su Templo, en Israel.

La teoría, ha vuelto a adquirir importancia debido a la investigación llevada a cabo por Francesca Stavrakopoulou, que comenzó su trabajo en Oxford y ahora es profesora titular en el Departamento de Teología y Religión en la Universidad de Exeter.

La información, presentada en los libros, conferencias y artículos de Stavrakopoulou, que declara ser “una atea con enorme respeto por la religión”, se ha convertido en la base de una serie documental de tres partes, donde se analiza la relación de Yahveh con Asherah.

“Podemos conocerlo como: Yahveh, Alá o Dios. Pero, tanto Judíos, como musulmanes y cristianos, las gentes de las grandes religiones abrahámicas, están de acuerdo en algo: Hay un “él” único”, señalaba Stavrakopoulou en un comunicado enviado a distintos medios de comunicación británicos.

“Él es una figura solitaria, un creador único y universal, no un Dios entre muchos. O, al menos, eso es lo que nos gusta creer”, apostilló.

“Después de muchos años de investigación especializada en la historia y la religión de Israel, he llegado a la colorida conclusión, que sin embargo podría parecer algo incómoda, de que Dios tenía una esposa”, expuso.

Stavrakopoulou, basa su teoría en una serie de vestigios contenidos en textos antiguos, amuletos y figurillas, descubiertas principalmente en los restos de una la ciudad costera cananea, llamada Ugarit. Todos estos vestigios revelan que Asherah fue una diosa de la fertilidad y que su influjo tuvo un gran alcance.

La conexión de Asherah con Yahveh, según Stavrakopoulou, se encuentra escrita en la Biblia y en una inscripción del siglo XIII antes de Cristo, en una vasija de cerámica encontrada en el desierto de Sinaí, en un sitio llamado Kuntillet Ajrud.

“La inscripción es una petición de bendición”, comenta. “Fundamentalmente, la inscripción pide la bendición de Yahveh y su Asherah”. Lo que representa una prueba de que Yahveh y Asherah son una pareja divina.

Y no se trata de la única. Existen varias inscripciones similares, que fortalecen la tesis de que el Dios bíblico tuvo una esposa, asegura la investigadora.

“Recientemente, un puñado de inscripciones similares han sido halladas. Lo cual, ayuda a fortalecer la creencia de que el Dios de la Biblia tuvo una vez una mujer”, agrega.

También es significativo, cree Stavrakopoulou, la admisión de la Biblia de que la diosa Asherah era adorada en el Templo de Yahveh, en Jerusalén. “En el Libro de los Reyes, se nos dice que una estatua de Asherah yacía en el templo y como, el personal femenino del mismo, tejía textiles rituales para ella”, comenta.

La referencia a la “Reina del Cielo”, en el Libro de Jeremías, podría ser una posible alusión a la misma deidad.

  1. Edward Wright, presidente del Centro de Estudios Judaicos de Arizona y del Instituto Albright de Investigaciones Arqueológicas, declaró a Discovery News estar de acuerdo con el hecho de que varias inscripciones en hebreo mencionan a “Yahweh y Asherah”.

“Asherah no fue sacada por completo de la Biblia por sus editores masculinos”, agregó. “Sus huellas aún permanecen, y en base a ellas y a evidencias arqueológicas con referencias a Asherah en los textos hallados en las naciones fronterizas con Israel y Judá, podemos reconstruir su papel en las religiones del Levante Sur”.

Asherah o Asera (אשרה), era conocida con otros nombres en todo el antiguo Oriente Próximo, tales como Astarté e Astarot, o como Ishtar por los babilónicos e Inanna por los sumerios, y que otros dicen se trata de la misma diosa Afrodita e Isis, todas ellas reconocidas con el arquetipo de la “Diosa Madre”.

“Una deidad dadora, en cualquier caso, ideal de la divinidad femenina, como la Luna, la Tierra y Venus. Era una deidad importante, una que era a la vez poderosa y estimulante”, continuó Wright.

Otras referencias a esta diosa en la Biblia derivan del libro de Deuteronomio, en un marco siempre hostil. El Rey Manasseh es juzgado como alguien que hizo mal ante Dios cuando colocó el poste en el Templo, símbolo del árbol de Asherah. Acaso, el ash tree de los druidas, ¿el axis mundi? Por el contrario, el Rey Hezekiah, que removió el símbolo de Asherah del Templo y lugares sagrados, fue alabado como el más justo de los reyes.

“Muchas traducciones inglesas prefieren traducir Asherah como Árbol Sagrado”, señala Wright. “Esto, en parte, pareciera estar impulsado una vez más por el deseo moderno, claramente inspirado en las narraciones bíblicas, de ocultar a Asherah tras un velo”.

Asherah, diosa de la fertilidad y del amor sexual, era representada normalmente por un “árbol frondoso” como símbolo de su fertilidad, adorada por los Israelitas en los años de mayor extravío espiritual.

Y, aunque su nombre suele traducirse como la “diosa del árbol de la vida”, a veces también se le vincula con el mar. Uno de sus nombres “Athirat, rbt ʼaṯrt ym” o “rabat ʼAṯirat yammi”, puede traducirse precisamente como “Señora del Mar” o “aquella que camina sobre el mar”.

Su otro epíteto en algunos textos ugariticos, un lenguaje de origen semítico, es “qaniyatu ʾilhm”, “la creadora de los dioses” (Elohim).

En esos textos Athirat es la consorte del dios El. Existe una referencia a los 70 hijos de Athirat, presuntamente los mismos 70 hijos de El. También se le llama Elat, la contraparte femenina de El, y en los textos acadios aparece como Ashratum, la esposa de Anu, el dios del cielo.

“Las menciones a la diosa Asherah en la Biblia hebrea, el Antiguo Testamento, son raras. Y, además, han sido fuertemente modificadas por los autores antiguos, encargados de reunir y agrupar los textos”, comenta Aaron Brody, director del Museo Bade y profesor asociado de la Biblia y la arqueología en la Pacific School of Religion.

Los profetas Isaías, Jeremías y Micah también condenan la idolatría de Asherah, ya que según ellos aleja de la adoración del dios único y verdadero. Esto nos da idea de como la diosa femenina, del árbol de la vida, del mar y del cielo, fue equiparada con la falsa idolatría, con Baal, alejando al hombre de la adoración de la pareja divina y de la mujer.

Una idolatría que incluye, indudablemente, la utilización del nuestro actual árbol de navidad, con el que se conmemora el nacimiento de una deidad, Yesh”u ben Pandora o Jesús de Nazaret, al que han hecho pasar como dios, como el Mesías. Pues como se hace mención en la Mishnah Masejet Avoda Zara 3:1: “Todas las imágenes están prohibidas, para cualquier uso, pues son adoradas una vez al año”.

Stavrakopoulos coincide en sus conclusiones con profusos estudios, que explican cómo las ediciones subsecuentes de la Biblia, curadas siempre por hombres, habrían resignado cualquier fidelidad a las escrituras sagradas, para realizar una operación de inteligencia, una programación neurolingüística de la sociedad, con el objetivo último de mantener en el centro del poder a la casta sacerdotal masculina, en desmedro y represión del polo femenino de la divinidad.

Así, Asherah, la diosa madre, pareja de Yahveh, fue excluida dolosamente de la Biblia, en el camino a la construcción paradigmática de la hegemonía masculina.

En tiempos anteriores al monoteísmo patriarcal, instaurado en occidente por el judeocristianismo y responsable de sembrar las bases para una conciencia que enaltece los valores masculinos de conquista, expansión y explotación de la naturaleza, prevaleció una concepción religiosa de la divinidad como pareja: Diosa Madre y Dios Padre.

“Asherah, como un símbolo envuelto en un árbol, ha sido cortada y quemada fuera del Templo en los actos de ciertos dirigentes que intentaban purificar el culto, y que centraron su adoración en un único dios masculino, Yahweh”, agregó.

Los antiguos israelitas eran politeístas, dijo Brody a Discovery News. “Sólo una pequeña minoría adoraba únicamente a Yahweh, antes de los acontecimientos históricos del año 586 AC”. Ese año, una comunidad de élite dentro de Judea fue exiliada a Babilonia y el Templo de Jerusalén fue destruido.

Esto, dijo Brody, dio lugar a una visión más universal del monoteísmo estricto: “Un Dios no sólo para Judá, sino para todas las naciones”.

http://mx.tuhistory.com/noticias/asherah-la-esposa-de-dios-que-fue-quitada-o-expulsada-de-la-biblia-segun-los-expertos

http://www.ay-va.pareymedia.com/news/religion/noticia-asherah-la-esposa-de-dios.html#.VT6Yi9Ltmko

Historia de la cerveza/Siraku.


siraku

La Antigüedad

Al parecer, la primera bebida fermentada que conoció el hombre fue la cerveza

(Simultáneamente con el pan de cebada). Se cree que el ser humano ha elaborado cerveza

por lo menos desde hace 10.000 años y se piensa que su origen se sitúa en Palestina.

Se han encontrado evidencias de cerveza en casi todas las civilizaciones antiguas:

Sumeria, Babilonia, egipcia y China.

Los registros arqueológicos muestran que uno de los primeros cereales cultivados por el

Hombre fue la cebada.

Los rastros más antiguos que atestiguan la existencia de la panificación y de cervecerías

los encontramos en Mesopotamia, pero se conoce de prácticas similares en el resto de

Europa. Es preciso entonces creer que la cerveza se descubrió o inventó en muchos

lugares del Mediterráneo y de Europa de forma simultánea. Desde tiempos muy remotos

se conoció que la cerveza estaba libre de gérmenes nocivos y que el agua, que

regularmente no estaba en las mejores condiciones, podía ser fermentada. Por ello, por

muchos siglos, la cerveza y no el agua fue el líquido utilizado para calmar la sed.

Sumeria-Mesopotamia

Los primeros bebedores de cerveza fueron los sumerios en las márgenes de los ríos

Tigris y Éufrates. Alrededor del 7.000 a. de C. ya conocían perfectamente su técnica de

Elaboración. En sus factorías se han encontrado calderas, cubas de maceración y barriles

Para almacenarla y transportarla.

La denominaban “siraku” ó “ninkasi”: el primer nombre procedente de un grano que

Fermentaban y el último en honor a la diosa de la cerveza conocida así y cuyo nombre

Traduce “la diosa que se llena la boca”.

Al comienzo la materia prima principal no era la cebada (Hordeum exastichum) llamada

“it”, más costosa; sino una especie de trigo rojo llamado “espelta” (triticum dicoccum),

Que tiene dos granos en cada espiguilla, originario, posiblemente de Palestina.

En tablas de arcilla escritas en lenguaje sumerio se revela una fórmula de elaboración

Casera: se cuece pan, se deshace en migas, se prepara una mezcla en agua y se consigue

Una bebida que transforma la gente en “alegre, extrovertida y feliz”. Incluso, alrededor de

1.800 a. de C. aparece en tablas de arcilla el “Himno a Ninkasi” donde también se describe

Una antigua receta de cerveza.

Igualmente, en una escritura cuneiforme del año 2800 a. de C. se describe la distribución

De una ración diaria de cerveza y pan a los trabajadores.

El sello de la dama “Pu-Abi” reina de la ciudad de Ur alrededor del año 2600 a. de C. la

Muestra tomando cerveza de una copa. Ella tomaba cerveza con una caña elaborada de

Lapislázuli y oro que se encuentra actualmente en el Museo Británico en Londres.

Así mismo, en tablas de arcilla encontradas en la ciudad de Uruk (Irak), quedó escrito en la

“Epopeya ó Poema de Gilgamesh” (2500 a. de C.) las recomendaciones del arquitecto real

Para repartir cerveza entre los trabajadores: “para estar más atentos a su trabajo y

Relajarse al final de la jornada”.

Los sumerios conocieron 10 tipos de cerveza aproximadamente, entre ellos una variedad

Llamada como “superior”. Consideraban la cerveza como “bebida de los dioses” y era

Ofrecida como ofrenda.

Babilonia

Los babilonios heredaron de los sumerios el arte del cultivo de la tierra y la elaboración de

La cerveza.

El rey Hammurabi (1728 a 1686 a. de C.) dispuso en un decreto normas sobre la

Fabricación de la cerveza, el precio del producto, la concentración adecuada y las

Sanciones a quienes adulteraran la bebida. De hecho, el tabernero que alterara su precio

Podía ser condenado a morir ahogado.

El rey babilonio Nabucodonosor se conservan las siguientes palabras: “he hecho correr

Sin medida como corre el agua del río, torrentes de cerveza, sobre el altar de Marduk y su

Esposa Sarpanitu”.

La elaboración tenía carácter religioso y era realizada solo por las sacerdotisas. Los

Babilonios preparaban la cerveza a partir de los panecillos de harina de cebada y la

Llamaban “pan líquido”.

La nutrición de un babilonio era constituida principalmente de cerveza, grano, frutas,

Verdura y cebolla, dieta poco diferente de la mayoría de la gente modesta de la antigüedad.

Muchos salarios se cobraban en grano o directamente en cerveza. Las gentes con más

Poder adquisitivo no cambiaron el consumo aunque la sofisticaron: filtraban la cerveza, la

Hacían más densa (más cara). Hasta se describe cómo los pobres bebían cerveza con

Cañitas del río, mientras que los ricos disponían de tubos en oro.

Según una tabla asiria fechada 2.000 años a. de C. la cerveza formaba parte de las

Provisiones del Arca de Noé.

Ya para el 4.000 a. de C. los babilonios tenían al menos 34 cervezas diferentes, siendo la

Variedad “negra”, elaborada con cebada, una de las más populares.

Egipto

Desde Oriente Medio, la cerveza se extiende por los países de la cuenca oriental del

Mediterráneo.

Los egipcios, recogiendo los métodos sumerios, elaboran una cerveza que bautizan con

El nombre de “zythum”, descubren la malta y añaden azafrán, miel, jengibre y comino con

Objeto de proporcionarle aroma y color. La producían enterrando cebada en un recipiente

De germinación y la papilla de la malta fermentaba por la acción de levaduras salvajes.

Si bien en Sumer (Sumeria) y Akab (Acadia) ya se consumía cerveza, es a los egipcios a

Los que se atribuye su invención y en especial su producción “industrial”, siendo su

Consumo de enorme importancia para la población tanto por su gran poder alimenticio,

Como por sus aplicaciones medicinales de acuerdo con los informes que en los “Textos

De las Pirámides”, papiros y estelas han llegado hasta nosotros desde hace mas de 4.500

Años.

Según la receta más antigua conocida, el Papiro de Zósimo de Panópolis (primer

Alquimista documentalmente reconocido, siglo III), los egipcios elaboraban la cerveza a

Partir de panes de cebada poco cocidos que dejaban fermentar en agua.

Las normas de fabricación de cerveza eran muy estrictas y se regían muy de cerca en

Cada provincia de Egipto por el Príncipe, que reportaba directamente al Faraón y sellaba la

Jarra con arcilla cocida para certificar la calidad y autenticidad de la cerveza mediante una

Inscripción jeroglífica en la tapa del recipiente, que no se tocaba hasta su apertura para

Evitar mezclas.

Durante la época de los egipcios existió un auténtico monopolio de la cerveza ejercido a

Través de las cervecerías del Estado.

Este “vino de cebada” era servido como ofrenda a los Dioses y la leyenda habla que Osiris

(Diosa mitológica de la Agricultura) fue quien preparó la primera cerveza.

El faraón Ramsés II, conocido como el “faraón cervecero”, promulgó unas reglas muy

Estrictas en torno a esta bebida y poseía cervecerías que producían unos 30.000 barriles

Por año. De hecho, construyó muchas ciudades con dinero proveniente de la

Comercialización de la cerveza y muchos de los obreros calificados que construyeron las

Pirámides la recibían como parte de pago y se les autorizaba consumirla 3 veces al día.

Los fabricantes egipcios de Cerveza eran exceptuados de prestar el servicio militar y tanto

Los soldados como las autoridades recibían cerveza como parte de su paga, aunque la

Elaboración de la cerveza en sus inicios fue realizada por las mujeres (como en casi todas

Las culturas).

Incluso una inscripción egipcia datada en el año 2.200 a. de C. rezaba: “La boca de un

Hombre perfectamente contento está llena de cerveza”.

La ciudad de “Pelusium”, actual “Tell el-Farama”, fue famosa por ser un fuerte enclave

Cervecero y tener los mejores maestros en su elaboración, junto con los de Alejandría.

Los seguidores de la diosa Athor inventaron la primera cerveza sin alcohol dejándola

Evaporar frente a su estatua para poner de buen humor a la diosa y vendían la cerveza

Resultante para beneficio del templo.

Se han encontrado reseñas de hasta 17 tipos de cerveza: a base de trigo rojo, espesa,

Malteada, fuerte, especial para ofrendas, hecha con cebada del Alto o del Bajo Egipto,

Dulce, “de perecer”, salada, con dátiles, etc. Elaboraron muchas variedades, algunas

Denominadas “Traedora de alegría”, “La hermosa”, “la divina”, etc.

China

También existen pruebas de que los chinos producían una clase de Cerveza llamada

“Kiu” hace más de 4,000 años, la cual se fabricaba a base de cebada, trigo, espelta, mijo y

Arroz.

Europa

La cerveza llegó a Europa hacia el 5000–4800 a. de C. siguiendo dos corrientes: la

Corriente danubiana (Europa del este) y la corriente mediterránea (sur de Francia).

Los restos arqueológicos más antiguos de producción de cerveza en Europa fueron

Descubiertos en el yacimiento del valle de Ambrona (Soria, España) y datan de alrededor

De 2400 a. de C., según el trabajo arqueológico del equipo dirigido por Miguel Ángel Rojo

Guerra. También se han encontrado evidencias arqueológicas de elaboración de cerveza

En el yacimiento de Genó, en Aitona (Lérida, España), tras los trabajos de investigación

Arqueológica, dirigidos por el profesor José Luis Maya González, que han establecido que

Estos restos arqueológicos databan de alrededor de 1100 a. C.

Los celtas conocían la elaboración de la cerveza y llevaron consigo este conocimiento

Cuando se extendieron por la península Ibérica, donde su uso y su elaboración se

Desarrolló muy pronto. Los celtas fabricaron la “cervoise”, un líquido fermentado obtenido

Generalmente a partir de cebada, pero también de centeno y avena. La cervoise tenía más

Graduación alcohólica que las cervezas modernas, y se le daba aroma con plantas

Amargas (genciana, cilantro, ajenjo).

Con el paso de los siglos, sobre todo a partir de la romanización, la mediterránea se

Consolidó como una zona básicamente vinícola mientras que la cerveza se producía en el

Norte y centro de Europa y adquiría la forma de lo que entendemos hoy por cerveza.

Contrariamente a lo que se piensa, en Grecia y Roma la cerveza ya era elaborada y

Consumida mucho antes de ser remplazada por el vino.

Los griegos identificaron la cerveza con los egipcios, ya que la palabra “zythum”

Significaba “vino de cebada”. Un siglo a. de C., Diodor Sículo escribe: “se hace en Egipto,

Con cebada, una bebida llamada zythum y que por lo agradable de su color y su gusto

Cede muy poco al vino”.

De hecho, aunque los romanos eran más aficionados al vino, eso no les impedía apreciar

Una buena cerveza (la llamaban “alimento de los bárbaros”), especialmente en las

Regiones del norte, más propicias para el cultivo de la cebada que para el de la viña.

Hipócrates, por ejemplo, recomendaba a los médicos del Egeo que recetaran esta bebida

Por tratarse de un “calmante suave que apaga la sed, facilita la dicción y fortalece el

Corazón y las encías”.

Así pues, se han encontrado vestigios de una cervecería de los siglos III y IV en una villa

Galorromana. Los galos fabricaban la “cervoise” (cerveza) en familia y eran las mujeres las

Encargadas de esta tarea. Los galos fueron quienes remplazaron los recipientes de

Cerámica por toneles de madera, que ellos mismos inventaron. A la malta la llamaron

“brace” y de ahí surgieron palabras como “brassin” (cuba), “brasseur” (cervecero). Tras la

Caída del Imperio Romano, la Iglesia tomó el control de las tierras. Los monjes empezaron

A interesarse por esta bebida y surgieron cervecerías en todas las abadías. La elaboración

De la cerveza también se llevaba a cabo en hogares, albergues y castillos.

Y si entre los romanos y los griegos fue considerada una bebida de la gente llana, los

Pueblos del norte de Europa festejaban con cerveza las fiestas familiares, las

Solemnidades religiosas y los triunfos sobre sus enemigos. En los países nórdicos se

Ofrecía cerveza a Wotan, el gigante Oegir era el cervecero y Thor el dios del trueno, el

Protector de la cerveza.

En España se denominaba “ceria” ó “celia” y en la Galia “cerevisia ó “cervisia”, nombres

Procedentes de la diosa Ceres. Platón la denominaba “cerealis liquor”. Los fricios y tracios

Elaboraban una bebida de cebada llamada “bryton” y los ilirios y panonios conocieron el

“sabaja” ó “sabajum” (418 a. de C.) como una clase de cerveza.

En el centro de Francia la cerveza era una bebida muy popular en el s. I d. de C. y se

Piensa que llegó a los celtas desde España. Esta cerveza celta se extendió al norte de

Francia, Bélgica e Inglaterra.

La prueba más antigua de elaboración de cerveza en suelo alemán data del año 800 a. de

  1. cerca a Kulmbach. En alemán antiguo se llamaba a la cerveza “bior”, “pier” y “alu” y de

Allí ha tomado los nombres actuales en algunos idiomas como “bier” en alemán, “beer” y

“ale” en inglés.

En el México antiguo se conocían bebidas similares a la cerveza como el “tesguino” que

Era un líquido claro, ámbar, denso y que se batía para generar espuma. Igualmente,

conocieron el “sendecho” que era semejante al “bier” de los germanos solo que en lugar

de cebada utilizaron maíz.

Edad Media

La cerveza pasó de Egipto a Europa a raíz de las cruzadas. Los caballeros de regreso a

sus países la llevaban consigo.

A partir de los siglos VII y VIII, las comunidades monásticas empezaron a elaborar y

consumir cerveza. En aquella época, los monjes vivían como el pueblo pero aislados de él.

El agua, insalubre por las condiciones higiénicas del momento, era permanente

transmisora de infecciones. Al hervirla con cereales se obtenía una bebida más sana.

Como se producía y consumía en el día a día, la cerveza apenas tenía alcohol y se calcula

que el pueblo normal consumía unos 6 litros de cerveza por persona diariamente. Para los

años 816-837 se conoce de un monasterio en la localidad de St. Gallen en Suiza que

poseía instalaciones para elaborar cerveza.

A raíz de fuertes heladas consecutivas que afectaron los cultivos de la vid, los monjes

benedictinos (y muchos otros) encontraron el sustituto ideal en la cerveza.

Por esa época, los noreuropeos utilizaban hierbas aromáticas y plantas silvestres para

modificar el sabor y aroma. Se cuenta que Santa Hildegarda, abadesa de Ruperstberg,

alrededor del año 1.079, fue quien primero mencionó los beneficios del uso del lúpulo en la

cerveza. Aunque, al parecer, fueron los finlandeses, según el poema épico “Kalewala”,

quienes primero lo emplearon. A raíz del uso del lúpulo y sus propiedades conservativas,

la cerveza se convirtió en importante objeto de comercio.

En el siglo XII, Juan Primus rey de Flandes y Bélgica, y más conocido como “Gambrinus”

fue un protector de los cultivos de cebada y por ello se le considera el patrono no oficial

de la cerveza.

En la historia medieval y moderna aparece la tradición alemana, que es muy antigua.

En esta época, por el año 1000, los alemanes poseían cerca de 500 claustros en los cuales

se elaboraba y comercializaba la cerveza, que era privilegio exclusivo de los monjes y

monjas, siendo muy famosas, en ello, las monjas de los Prados de Santa Clara.

En Alemania, igualmente, las condiciones del Norte se diferenciaban notablemente de las

del Sur. En el Norte, la fabricación de cerveza era un derecho cívico y tenía lugar en las

grandes ciudades cerveceras de Bremen, Hamburgo ó Einbeck. En el Sur, se produce

paulatinamente en el siglo XIV el pasaje de la fabricación casera a la industrial donde el

gobierno influyó notoriamente y era el soberano quien concedía el derecho de fabricación,

originando un mayor desarrollo que en el Norte.

De otro lado, las primeras abadías belgas poseían su propia cervecería. Es el caso de

Villers-la-Ville, donde los monjes se instalaron en 1146. La arquitectura de de la inmensa

abadía se inspiró en la de Citeaux (cuna de los cistercienses) y la cervecería, de estilo

románico, fue construida durante la primera mitad del siglo XIII.

Así nacería la “cerevisa monacorum”, cerveza de los monjes con denominación de origen,

cuyo secreto guardaba celosamente cada fraile boticario. Los monjes lograron mejorar el

aspecto, el sabor y el aroma de la bebida.

Pronto, se estableció un conflicto de intereses entre los elaboradores laicos que tenían

que pagar impuestos de todo tipo y los elaboradores monacales que disponían de materia

prima en grandes cantidades y en condiciones muy ventajosas y exenciones fiscales

diversas. Un caso flagrante de competencia desleal. Hacia el siglo XV, los elaboradores

laicos tuvieron que inventarse un nuevo tipo de cerveza, más barata, que les permitiese

sobrevivir a pesar de la competencia de los frailes. Aquí radica la diferencia histórica entre

la “cerevisia” de los frailes, más densa, más aromatizada, y más cara, y la “bier/beer/bière”

de los laicos, menos alimenticia, más refrescante y barata, aromatizada simplemente con

lúpulo. El lúpulo se comienza a utilizar en el siglo XIV como el único saborizante, luego de

haber usado antes sobre todo una mezcla de diferentes condimentos que se denominaba

“Grut” en idioma alemán.

La primera organización gremial de fabricantes de cerveza nació en París en 1258 y 10

años más tarde, el reglamento para producir la bebida se inscribía en el libro de los oficios.

En 1.290, en la ciudad de Nuremberg, se dictó un decreto que prohibía el uso de avena,

escanda, centeno y trigo en la elaboración de cerveza y permitiendo solo el uso de

cebada.

En los siglos XIV y XV, se multiplicaron las cervecerías y surgen las primeras grandes

factorías cerveceras, entre las que destacan las de Hamburgo y Zirtau. La cerveza se

convirtió en una de las bebidas más populares. En esa época, era aconsejable y saludable

beber cerveza, ya que durante su fabricación se eliminaban los gérmenes patógenos del

agua que era a menudo el vehículo de transmisión de epidemias tales como el cólera o la

peste.

Edad Moderna

Las guerras de religión del siglo XVI y la revolución francesa arrasaron las abadías. El

siglo XVI fue también testigo del nacimiento de asociaciones dedicadas a mantener la

calidad de los productos y el respeto por las tradiciones mediante la instauración de

reglas estrictas.

Las malas cosechas y otras situaciones produjeron escasez de materias primas que

llevaron al uso de otras materias diferentes a las usuales. Por ejemplo, se sustituía el

lúpulo por hierbas amargas o se usaba avena barata. Esto ponía en riesgo la salud y

obligó al establecimiento de leyes gubernamentales de regulación para las materias

primas, siendo la primera mención documentada el Artículo 12 de la “Statuta thaberna” de

1434, de la ciudad turigense de Weibensee.

Se cree que en el siglo XV los mercaderes de Flandes y Holanda utilizaron el lúpulo para

dar amargo y a la cerveza que lo contenía la llamaron “cerveza” mientras que la que

carecía de él la llamaron “ale”.

Alemania ha influido mucho en fijar las características de la cerveza moderna, al punto que

hoy en día aún cuentan con la “Ley de la Pureza” promulgada por los duques Guillermo IV

de Orange y Luis X (gobernaban conjuntamente) el día de San Jorge (23 de Abril) de 1516,

que obliga a producir la bebida con cebada malteada, agua, lúpulo y levadura. Desde 1906

rige en Alemania con fuerza de ley, de forma absoluta, para cervezas de fermentación baja

(Lager). El objetivo de esta ley era dar a los ciudadanos cervezas de calidad suficientes a

precios justos por lo que puede decirse que es la primera ley mundial de protección al

consumidor.

Esta ley hizo desaparecer muchas recetas particulares de cerveza de los territorios donde

se aplicó, especialmente de las especialidades en las que era preciso añadir algún azúcar

o variar en los aromatizantes botánicos. En otros países, las leyes no fueron tan estrictas y

se permitieron conservar recetas en las que figuraban algunos aditivos. La Ley de Pureza

también contribuyó notablemente a aumentar la fortuna del rey que tenía el monopolio de

la producción de cebada.

El Renacimiento fue muy importante para los cerveceros y su corporación, una de las más

acaudaladas. En Bruselas, los cerveceros compraron el “Arbre d’or”, casa conocida

actualmente como la “Maison de Brasseurs” de la Grand-Place, a los empobrecidos

tapiceros. Fue restaurada y embellecida en el siglo XVII. Desafortunadamente, también fue

destruida por los bombardeos del Mariscal Villeroy. En el siglo XVIII, fue objeto de una

costosa reconstrucción que dio lugar a la fachada que se puede admirar actualmente. Fue

vendida por los revolucionarios franceses y en 1954 recuperó su denominación “Maison

de Brasseurs”.

La cerveza de trigo, inventada en Inglaterra, fue exportada a Hamburgo en el siglo XV y se

comenzó a elaborar allí alrededor del año 1.520. En 1.541 se elabora por primera vez

cerveza blanca en Nuremberg.

En 1.591 se inauguró en Münich la cervecería de la corte llamada “Hofbräuhaus” que

elaboró cerveza desde 1.614 y que solo comenzó a vender al menudeo en 1.830.

En Inglaterra el lúpulo estuvo prohibido hasta el siglo XV.

La auténtica época dorada de la cerveza comienza a finales del siglo XVIII con la

incorporación de la máquina de vapor (James Watt en 1765) a la industria cervecera y el

descubrimiento de la nueva fórmula de producción en frío, y culmina en el último tercio del

siglo XIX, con los hallazgos de Pasteur relativos al proceso de fermentación.

En Inglaterra, la cerveza era tan importante que su Carta Magna daba la medida adecuada

para la venta y consumo. Además, uno de los oficios más antiguos de ese país es el de

“Conner” o degustador de cerveza.

La primera cervecería del continente americano fue construida en 1544 por don Alfonso de

Herrera, cerca de Ciudad de México.

Los peregrinos ingleses fueron los que llevaron la cerveza a los Estados Unidos; una de

las primeras cervecerías establecidas en Estados Unidos data de 1612 y perteneció a

Adrian Brock y Hans Cristiansen.

La cerveza llegó al Canadá con los franceses, en 1668. Jean Talon, superintendente de la

provincia de Quebec, fue autorizado por la corona francesa para construir la primera

cervecería.

La más antigua fábrica de América, aún en funcionamiento, es la fundada por Jhon Molson

en Montreal y data de 1786.

Edad Contemporánea

A finales del siglo XVIII, la revolución francesa fue una auténtica catástrofe para el

patrimonio cervecero. Además de acabar con las corporaciones, destruyó muchas

abadías, poniendo así fin a numerosas actividades cerveceras. La llegada de Napoleón

permitió, en el marco del relanzamiento general de la economía, volver a poner en marcha

estas actividades. La cerveza ya no fue reservada exclusivamente a los monjes sino que

se convirtió en una auténtica industria.

Para el siglo XVIII el lúpulo se hizo popular y todas las cervezas se fabricaban con él.

En 1846 Gabriel Sedlmayr instaló la primera máquina de vapor en su cervecería “Spaten”

en Münich y entre 1871 y 1876 Carl von Linde inventó y utilizó la máquina frigorífica.

Gracias a estos inventos y descubrimiento durante el siglo XIX los cerveceros checos y

alemanes inventaron y desarrollaron una cerveza que tenía que tener buen aspecto pues

se empezaba a extender el uso de los recipientes transparentes. Se inventaron formas

diversas y más eficaces de filtrar la cerveza y la hicieron más clara. Una forma de clarificar

la bebidas era la de alargar considerablemente la maduración a bajas temperaturas. Así

apareció la cerveza Lager (en alemán almacén) y la propia levadura de baja fermentación

que fue identificada a posteriori. Gracias a los trabajos de Emil Christian Hansen, quien

desarrolló en 1883, en el Laboratorio Carlsberg, en Copenhague, el método para el cultivo

de la levadura pura, mejorado por Paul Lindner en 1893, era cada vez mejor la posibilidad

de utilizar razas puras de levaduras y disminuir la influencia de contaminantes. Ello fue la

base para el éxito de la cerveza “clara” sobre la “oscura” bávara, hasta ese entonces la

usual.

Actualmente la mayoría de las cervezas industriales están hechas según este sistema.

Dentro de la categoría de las cervezas Lager las “Pils”, cuyo prototipo se originó en la

Cervecería Cívica Pilsen (que luego fabricó la cerveza Pilsner Urquell), originarias del

pueblo de Plzeň (Pilsen en alemán) están hechas con maltas de Moravia y, sobre todo,

lúpulo Saaz (en alemán) o Zatec.

Muchas cervecerías de esta época aún continúan hoy:

Carlsberg: Fundada 1847 por J.C. Jacobsen en Copenhague, Dinamarca.

Heineken: Fundada en 1863 por Gerard A. Heineken en Amsterdam, Holanda.

Löwenbräu: Fundada en 1872 en Münich.

Beck: Inicialmente fundada en 1873 como Kaiserbrauerei Beck & Co en Bremen, ahora

Brauerei Beck & Co.

Igualmente, en esta época la cervecería más grande del mundo era la Bass Brewery en

Burton-on-Trent de Gran Bretaña que para 1876 producía anualmente 2.500.000 hectolitros

de cerveza. Pero pronto fue sobrepasada por la Arthur Guinness & Son Co. Ltd. de Dublín.

De la misma manera, en los Estados Unidos en el lapso de pocos años se crearon grandes

cervecerías:

Miller: Fundada inicialmente en 1850 como Plank Road Brewery y a partir de 1855 Miller

Brewing Co., en Milwaukee, Wisconsin.

Anheuser: Fundada en 1851 como Anheuser y a partir de 1875 Anheuser-Busch en Saint

Louis, Missouri, cuando Adolphus Busch introdujo la cerveza “Budweiser”.

Coors: Fundada en 1873 como Adolphus Coors Brewing Co., en Golden, Colorado.

En 1862 se fundó en Australia la Cooper`s Brewery en Adelaida.

En 1876 se fundaron en Japón la Asahi Brewery, la Sapporo Brewery y la Hokkaido

Kaitakushi Brewery.

A finales del siglo XIX, los descubrimientos de Pasteur (1822-1895) relacionados con las

levaduras y la conservación de los alimentos mediante pasteurización permitieron que las

cervecerías adquirieran momentáneamente un nuevo impulso. Del mismo modo, estos

descubrimientos constituyeron la base de una mejora en la calidad de la cerveza, tanto en

su sabor como en su conservación.

En Alemania para 1873 operaban 13.561 fábricas de cerveza (10.171 de cervezas Ale y el

resto Lager) y 36.297 hogares produciendo bebida casera. Para 1891 solo quedaban 7.785

Hacia 1900, ya había 3.223 cervecerías reconocidas en Bélgica, entre las cuales se

encontraba Wielemans en Forest (Bruselas) que era considerada como la mayor y más

moderna cervecería a nivel europeo. Del mismo modo, en Bruselas, en la Grande Brasserie

de Koekelberg se elaboró la primera cerveza de fermentación baja (pils) en 1886.

Tras la Primera Guerra Mundial, el número de cervecerías disminuyó considerablemente.

En 1920, sólo quedaban 2.013. A causa de la falta de mano de obra y de materia prima, la

producción resultaba imposible. Las que decidieron emprender de nuevo el trabajo,

debieron mecanizarse. En los años 30, la crisis económica no resultó de mucha ayuda y,

más tarde, la Segunda Guerra Mundial hizo disminuir aun más el número de cervecerías.

En 1946, Bélgica sólo contaba con 755 establecimientos cerveceros.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el número de cervecerías volvió a disminuir. Las

pequeñas desaparecieron o fueron adquiridas por las grandes. En 1983, sólo 134

cervecerías seguían funcionando. Hoy en día, existen dos tendencias en materia de

producción cervecera: a nivel mundial, fusiones importantes entre grupos cerveceros; a

nivel regional, el renacimiento de pequeñas y medianas cervecerías que elaboran

productos variados y de calidad relacionados con la región. Actualmente, existe un

centenar de cervecerías en Bélgica que proponen unos 500 productos diferentes.

En el siglo XIX llegaron a registrarse más de mil novecientos establecimientos en todo

Estados Unidos pero en 1919 debido a la prohibición alcohólica (Ley Seca) la producción

de cerveza tuvo un duro golpe y solo fue restablecida en 1933.

Si concebimos la chicha como una forma de cerveza, los suramericanos la descubrieron

hace cerca de 2.000 años.

Marduk y Ninurta


marduk y ninurta

En La lista de los reyes Sumerios se registran los repetidos traslados de la capitalidad de la nación de una ciudad de los hombres a otra en Sumer. Estos cambios tenían algo que ver con la fortuna y con los cambios de autoridad entre los mismos Dioses, o incluso por las rivalidades entre ellos, tanto en la Primera Región (Mesopotamia y tierras vecinas), la Segunda Región (el Valle del Nilo) y la Tercera Región (el Valle del Indo), donde las civilizaciones se establecieron hacia el 3100 a.C. y el 2900 a.C. respectivamente.

Latente por debajo de la superficie y con erupciones violentas esporádicas se hallaba el conflicto entre Marduk y Ninurta, los herederos de Enki y Enlilrespectivamente, que tomaron como propia la antigua rivalidad entre sus padres. De hecho, no hubo Paz en la Tierra hasta que Marduk (el causante de la muerte de Dumuzi) fue sentenciado a ser enterrado vivo dentro de la Gran Pirámide sellada, sentencia que sería conmutada por la de exilio. Fue el mismo castigo (destierro a una tierra distante) que Marduk le había impuesto a su hermanastro Ningishzidda/Thot, que cruzó los océanos para convertirse en el Dios Serpiente Emplumada (Quetzalcóatl) de Mesoamérica.

Fue durante ese período de relativa paz, que comenzó con el inicio del tercer milenio a.C, cuando la civilización Sumeria se extendió por las tierras vecinas y floreció bajo el reinado de grandes reyes, como Gilgamesh. Pocos siglos después, la expansión hacia el norte incorporó a las tribus semitas; y hacia el 2400 a.C, se formó una nación aún mayor, bajo un rey justo (Sharru-kin), Sargón I, con capital en la nueva ciudad de Agadé. A partir de entonces, se conocería a la nación como el reino unificado de Sumer y Acad.

Se han encontrado numerosos textos, la mayoría fragmentados, que dan cuenta del curso de los acontecimientos en los siglos siguientes (tanto en los asuntos de los Dioses como en los de los hombres). El centro del imperio siguió cambiando.

Finalmente, en 2113 a.C, comenzó el capítulo más glorioso de la historia de Sumer y Acad. Los historiadores se refieren a esta era como el período de Ur III, pues era la tercera vez que Ur se convertía en la capital del imperio. Era el «centro de culto» de Nannar/Sin, que vivía en su recinto sagrado con su esposa Ningal. Su señorío era de amplias miras y benévolo.

El rey al que se había ungido para dar comienzo a la nueva dinastía, Ur-Nammu («El Gozo de Ur») era sabio, justo, y un maestro en el comercio internacional, en el cual Sumer intercambiaba cereales y productos lanares por metales y maderas; sus coloridos mantos eran apreciados, según la Biblia, hasta en la distante Jericó. Los «mercaderes de Ur» eran respetados y conocidos internacionalmente; y gracias a ellos se difundió la civilización Sumeria, en todos sus aspectos.

Necesitados de lana, los Sumerios se introdujeron en los pastizales de las regiones del norte, donde fundaron un importante centro comercial, a las puertas de Asia Menor, el país de los hititas. Se le llamó Jarán, «El Caravansar».

Se pretendió que fuera una pequeña-Ur, una Ur-lejos-de-Ur, y en su trazado y en su templo emuló a la propia Ur.

Mientras tanto, desde su exilio, Marduk observaba los acontecimientos con un sentimiento creciente de frustración y cólera.

En su autobiografía (una copia de la cual se descubrió en la biblioteca de Assurbanipal), Marduk recordaba cuando, después de errar por muchas tierras, «desde donde el sol se eleva hasta donde se pone», había llegado a las Tierras de Hatti (las tierras de los hititas). «Veinticuatro años anidé en medio de ellas» -escribió. Y durante todos esos años, no dejó de preguntar al consejo de los Dioses- «¿Hasta cuándo?»

Ante la ausencia de una respuesta clara o satisfactoria, Marduk miró a los cielos. Ya hemos dicho que el Hado tiene doce estaciones; la Estación-Hado (la casa zodiacal) de Marduk era la constelación del Carnero (Aries); y cuando la Precesión fue llevando el primer día de la primavera más allá de la constelación del Toro (Tauro), signo zodiacal de Enlil, empezó a «entrar» en la Estación-Hado del Carnero de Marduk.

Convencido de que había llegado el momento de que se realizara su Destino, Marduk se vio volviendo a Babilonia con pompa y circunstancia, señalando un rey digno, contemplando a las naciones en paz y a los pueblos prósperos, una visión profética de lo que sucedería en los Días Postreros, cuando Babilonia daría vida a su nombre: Bab-ili, «Puerta de los Dioses».

Otros textos de aquella época, que los expertos consideran como parte de una colección de Profecías acadias, registraban los informes de los astrónomos que observaban los cielos en busca de augurios planetarios relacionados con la constelación del Carnero. Sin embargo, los augurios eran en su mayor parte de guerra, matanza, saqueo y destrucción; y fueron éstas las profecías, más que las prometedoras de Marduk, que habían de cumplirse.

El resto de Dioses, liderados por Ninurta y por el propio hermano de Marduk, Nergal, utilizando herramientas científicas «de los Días de Antaño», «artefactos del Cielo y la Tierra», clamaron que no había tenido lugar aún el cambio a la Era del Carnero. Impaciente, Marduk envió a su hijo, Nabu, a que levantara un ejército de humanos de entre sus seguidores en las Tierras del Oeste, las tierras al oeste del río Eufrates. En 2024 a.C, Nabu lanzó con éxito la invasión de Mesopotamia y le abrió las puertas de Babilonia a su padre Marduk.

En La Epopeya de Erra se narran estos trascendentales acontecimientos desde el punto de vista de Nergal (apodado Erra, El Aniquilador) y de Ninurta(apodado Ishum, El Abrasador). Aquí se relatan las frenéticas negociaciones por resolver la disputa de forma pacífica, las llamadas a Marduk para que fuera paciente, los interminables debates en el Consejo de los Anunnaki que terminaron convirtiéndose en una reunión en sesión continua, la alarma ante las verdaderas intenciones de Nabu y su ejército humano y, por último, las sospechas de que, mientras Marduk hablaba de Babilonia como de la Puerta de los Dioses, su hijo, junto con seguidores de las regiones fronterizas con el espaciopuerto del Sinaí, estaba intentando realmente capturar el espaciopuerto para así controlar el contacto con el planeta madre..

No viendo otra salida para detener a Marduk y a Nabu, el Consejo de los Grandes Dioses autorizó a Nergal y a Ninurta para que abrieran las «Siete Armas Terribles» que habían estado ocultas y selladas en el Abzu (el hogar de Enki en el sureste de África). Se desencadenó un holocausto nuclear; el espaciopuerto se vaporizó, dejando un gigantesco corte en el rostro de la península y una enorme región ennegrecida a su alrededor. Las «ciudades pecadoras», que se habían puesto del lado de Nabu en lo que entonces era un fértil valle al sur del Mar Muerto, también fueron arrasadas (una aniquilación que Abraham pudo ver desde su hogar en el sur de Canaán).

Pero el Hado quiso que la «nube de muerte» nuclear, llevada por los vientos predominantes del Mediterráneo, derivara hacia el este, hacia Mesopotamia; en su sendero, todo lo que había con vida, personas, animales, plantas, murió de una muerte horrible. A medida que la nube mortífera se acercaba a Sumer, los Dioses Anunnaki comenzaron a abandonar sus ciudades.

Pero Nannar/Sin no quiso aceptar la perdición de su espléndida ciudad, Ur. Sus llamamientos a Anu y a Enlil para que encontraran una forma de que Ur fuera liberada del mal fueron vanos. Enlil, impotente, le diría con toda franqueza: «A Ur se le concedió la realeza, pero no se le concedió un reinado imperecedero… Su realeza, su reinado, han sido cortados.» No era imperecedero su NAM.TAR, un Destino que se podía cortar y romper, un Hado.

Pero el Hado quiso que los vientos, cuando llegaron a Mesopotamia, cambiaran su curso hacia el sureste. Y mientras Sumer y sus grandes ciudades de antaño caían postradas y desoladas, la ciudad de Babilonia, en el norte, quedó completamente indemne.

Hasta entonces, Marduk había estado observando los cielos para adivinar su Hado. Pero la milagrosa liberación de Babilonia de la muerte nuclear y de la desolación le llevó a preguntarse si su camino hacia la supremacía, ahora sin ningún tipo de obstáculos, no sería algo más que Hado, si no sería su Destino.

Si Marduk no hubiera sido una deidad ya, no dudaríamos en afirmar que habría sido deificado. En esas circunstancias, podríamos decir celestializado. El vehículo de esta «celestialización» fue una alteración («falsificación» sería igualmente aplicable) del santificado texto del Enuma elish: llamarle «Marduk» , haciendo así del supremo Dios planetario y del supremo Dios en la Tierra una y la misma cosa.

Tras esta sustitución de «Marduk» por Nibiru en el relato de la Batalla Celestial, las palabras cruciales se le aplicaron entonces a él: la obtención de una Tablilla de los Destinos de Kingu, el jefe del ejército de Tiamat, La Tablilla de los Destinos le arrebató,la selló con un sello,a su [propio] pecho se la sujetó.

Suyo era ahora ese Destino. Y los Dioses, en su Asamblea, «tuvieron en cuenta este pronunciamiento». Se postraron y gritaron: «¡Marduk es el rey!» Aceptando lo inevitable, Anu y Enlil (según una inscripción del rey babilonio Hammurabi), determinaron para Marduk, el primogénito de Enki, las funciones-Enlil sobre toda la humanidad, lo hicieron grande entre los Dioses que observan y ven, llamaron a Babilonia por su nombre para que fuera exaltada, para hacerla suprema en el mundo; y establecieron para Marduk, en su centro, un Señorío imperecedero.

La coronación, por utilizar un término comprensible, de Marduk como «rey de los Dioses» tuvo lugar en una solemne ceremonia, en una reunión de los Cincuenta Grandes Dioses y los «Siete Dioses del Destino», y con centenares de Anunnaki de base presentes. Simbólicamente, Enlil puso ante Marduk su arma divina, el Arco.

Después, el traspaso de los poderes de Enlil a Marduk se celebró con el traspaso a Marduk del rango numérico secreto de 50. Esto se llevó a cabo por medio de una recitación, uno por uno, de los «cincuenta nombres». Comenzaron con el propio nombre de Marduk, afirmando que había sido el mismo Anu quien le había denominado Marduk cuando nació, y, recorriendo el resto de nombres-epítetos, terminaron con Nibiru, la transformación del Dios de la Tierra en el Dios supremo planetario.

Los cincuenta nombres estaban compuestos por combinaciones de sílabas o palabras Sumerias; los epítetos de quienquiera que hubiera poseído los cincuenta nombres antes de la Epopeya de la Creación se falsificaron para acomodárselos a Marduk; y aunque los redactores babilónicos del texto (escrito en lengua acadia) intentaron explicar a sus contemporáneos las enigmáticas palabras silábicas Sumerias, es evidente que ni siquiera ellos pudieron captar por completo lo que transmitía el mensaje secreto de cada nombre.

Estos significados secretos o codificaciones que subyacen a los cincuenta nombres fueron reconocidos por el famoso asiriólogo y erudito bíblico E. A. Speiser, quien al traducir al inglés el Enuma elish para la obra Ancient Near Eastern Texts Relating to the Oíd Testament, observó que,

«el texto etimologiza los nombres de un modo que la Biblia hace familiar; las etimologías, que acompañan prácticamente a todos los nombres que hay en la larga lista, parecen más cabalísticas y simbólicas que estrictamente lingüísticas».

En los cincuenta nombres hay más de naturaleza «cabalística» de lo que concede la observación de arriba. Los nueve primeros nombres están listados al final de la sexta tablilla del Enuma elish, y se acompañan de varios versículos de elogio.

Como ya hiciera notar Franz M. Th. Bóhl en su Die fünfzig Ñamen des Marduk, el pronunciamiento de estos nueve primeros nombres se les atribuía a los antepasados no sólo de Marduk, sino incluso del mismo Anu; tres de ellos contenían un triple significado cada uno; y en uno de estos significados-dentro-de-significados, se atribuía a Marduk la capacidad singular (y por otra parte no notificada) de «revivir a los Dioses muertos».

Franz Bóhl sugería que eso podía ser una referencia a la muerte y la resurrección de Osiris (de la tradición egipcia), porque los tres nombres siguientes (los números 10,11 y 12) eran variantes del nombre-epíteto ASAR (Asaru en acadio) y, según Bohl, eran tres epítetos que tenían sus correspondientes en otros tres epítetos del Dios egipcio.

Con esos tres nombres-epítetos, el Enuma elish pasa a la séptima tablilla, no sin implicaciones para los siete días de la Creación del Génesis (de los cuales los seis primeros fueron días de actividad y el séptimo un día de descanso y contemplación divina); y recordemos que el siete se correspondía con la designación planetaria de la Tierra y de Enlil como comandante de la Tierra.

Los tres epítetos ASAR, tras los cuales los nombres-epítetos se hacen variados y diversos, elevan el total de nombres a doce. Se explican además en cuatro versículos que dan el cuádruple significado de los tres nombres ASAR, sugiriendo de nuevo un intento por incorporar el doce en el texto.

La recitación de los cincuenta nombres incorpora, así pues, el número de rango divino de Enlil y su número planetario, el número de los miembros del Sistema Solar y el de las constelaciones.

«La totalidad de mis instrucciones se encarnan en los cincuenta nombres», anunció Enki al término de la ceremonia.

En esos nombres, «se han combinado todos los ritos». Con su propia mano «lo ha escrito, lo ha preservado para el futuro», y ordenó que lo escrito fuera albergado en el templo Esagil que los Dioses construirían para Marduk en Babilonia. Allí, un linaje de iniciados sacerdotales salvaguardará los conocimientos secretos, y lo pasará de padres a hijos:

«Que se conserven [allí], que el anciano los explique; que el padre sabio y entendido se lo imparta al hijo.»

¿Qué significados profundos, que conocimientos secretos albergaban los cincuenta nombres que, según Enki, combinaban en ellos todo lo que había que saber?

Quizás algún día, cuando un nuevo descubrimiento nos permita decodificar los cifrados numéricos de los reyes asirios y babilonios, nosotros también lo sepamos.

NOTA: recordemos que Nibiru se denomino como sustituto al nombre de Marduk.

!había sido el mismo Anu quien le había denominado Marduk cuando nació, y, recorriendo el resto de nombres-epítetos, terminaron con Nibiru, la transformación del Dios de la Tierra en el Dios supremo¡ planetario. no como planeta, sino como dios planetario.

El "Enuma Elish", el cantar de la antigua Babilonia


Bajo la pala de los arquéologos, las arenas de Mesopotamia han ido devolviendo ciudades perdidas, ciudades de milenarios imperios pasados, de los cuales el hombre del siglo XIX a veces no sospechaba su remota existencia. Mundos extraños, con sus manifestaciones de arte y de ciencia, que nos dejan atónitos, empezaron a aparecer de entre las arenas, en las tierras regadas por el Eufrates y el Tigris.
Y los ladrillos escritos en cuneiformes nos aportaron una literatura tan antigua, que la griega es hoy no ya una etapa de comienzo sino de culminación dentro del mundo antiguo. Entre aquellos cantares rescatados, el “Enuma Elish” será siempre valioso por su contenido cosmogónico y por resultar la más alta manifestación de la épica de Babilonia durante el tiempo de la primera dinastía (entre los siglos XIX a XVII antes de J.C.).
Quizá, como los piensa King, el “Enuma Elish”, si nos atenemos a su fondo mítico originario, se remonte a una antigüedad aún más venerable, pero eso ya entra dentro de una cadena de suposiciones que no están todavía demostradas. De lengua arcaica, que recuerda el viejo dialecto babilonio, de métrica algo dura aún, trata este cantar el tema del entronizamiento del dios Marduk, que de antiguo dios de la ciudad pasó a ser, durante algunos siglos, por obra de las conquistas de Babilonia, la más importante divinidad de Mesopotamia. ¿Qué queda ahora de esa ciudad? ¿Qué resta ahora de ese dios? Se dejó de pensar en él y se disolvió, quedó convertido en objeto de curiosidad histórica, en héroe de un cantar antiguo, en estatua borrosa de la galería de los mitos.
El “Enuma Elish” es una flor sangrienta en la poética de Babilonia; en vano buscaremos en él dulzuras y delicadezas; canto duro es, donde ronda la muerte en acecho de los dioses y de los hombres. El título de este cantar exótico para nosotros, está formado por las palabras iniciales del primer verso, ya que los mesopotámicos tenían la costumbre de designar los cantares por las palabras de su comienzo:
“Enuma elish la nabu shamanu…”; este verso se traduce así: “Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados…”
Siete tablillas de barro cocido, con apretados cuneiformes -en cada una de aquéllas caben unos ciento cincuenta versos- constituyen este poema, que era nacional y sagrado, al punto que se recitaba en la fiesta de Akitu, la más importante de todas las del ceremonial sacro de aquel pueblo: en el cuarto día de Nizán -mes con el que empezaba a contarse el año en Mesopotamia- tenía lugar el recitado ritual del poema.
En un viejo texto se lee: “Después de una pequeña comida, el sacerdote Urigallu recitará al dios Bel, la mano levantada, el “Enuma Elish”, desde el comienzo al fin. Mientras él recite el Enuma Elish a Bel, la parte delantera de la tiara del dios Anu y el trono de Enlil estarán cubiertos”. Gaster recuerda que la imagen de Marduk era paseada por las calles y luego entronizada en un panteón. E incluso el ceremonial se hacía más ostentoso y rico, pues los demás dioses, representados por sus estatuas, eran sacados de sus respectivos templos para hacer a Madruk visitas reverenciales.
“Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados y en lo bajo la tierra no tenía aún nombre…”
Así, ya lo señalamos, comienza el poema. No existía más que la sustancia indiferenciada; las cosas sólo podían nacer si los demiurgos pronunciaban, entre ritos mágicos, el nombre de ellas. En la vieja doctrina de la palabra, del nombre o del verbo: se ordena que aparezca tal cosa, la que se halla sumergida en la sustancia indiferenciada y la cosa toma cuerpo, consistencia, existencia. Son muchas las similitudes que podrían ser citadas: la más conocida es la del Génesis Bíblico: Jehová crea por medio de la palabra: “Hágase la luz. Y la luz fue”. En el Popol Vuh de los mayas, los dioses dijeron: “¡Tierra! Y al instante nació”. Otros textos podrían ser también citados.
Al principio no existe sino el agua: el Apsu, deidad masculina, primordial y procreadora (el abismo inicial, la masa de agua dulce que los antiguos creían que rodeaba la tierra y que los griegos llamaban “Océano” y Tiamat, deidad femenina, el mar de aguas saladas. En las cosmogonías de todos los pueblos antiguos, lo primero que surge es el agua; luego la tierra, en medio del agua y después los astros. El cantar continúa así:
“El Apsu primordial y procreador y la tumultuosa Tiamat, madre de todos, mezclaban indistintamente las aguas,  cuando los despojos de los cañaverales no estaban amasados y los canales no se podían ver, cuando ningún dios había todavía aparecido ni recibido nombre, ni sufrido destino…”
El poema trata de pintar la serenidad y simplicidad iniciales de nuestro mundo, cubierto totalmente por las aguas; entonces las saladas y las dulces, dice, estaban mezcladas. No existía la tierra, ni el cielo lleno de estrellas. Pero poco a poco surgen generaciones de dioses, cada vez más importantes y activos, ante cuya potencia el mundo se transforma; así, el “Enuma Elish” alude primero a la creación de Lakhmu y Lakhamu, después a la de Anshar y Kishar, que significan “lo alto” y “lo bajo”, parejas de deidades que, como vemos, son más bien abstracciones filosóficas. Estos últimos tuvieron un hijo: Anu, el cielo, dios que es la contrapartida babilónica de An; éste último forma, junto con Enlil (la tierra) y Ea (el agua) la trinidad sumeria clásica. Entonces surgió la Actividad. El poeta anónimo da la idea de pasaje del estado de caos en reposo al del caos activo, de universo dormido a universo en movimiento, al narrar que multitudes de dioses que habían nacido turbaban a Tiamat por medio de movimientos desordenados, o sea no sometidos a una inteligencia superior.
“Turbaron, dice, los senos de Tiamat, retozando en el seno de las celestes moradas. Sus gritos no se debilitaban ni ante el mismo corazón de Apsu…”
Este, encolerizado, llega a la morada de Tiamat y le dice:
“Insoportable me es la conducta de los dioses. De día no puedo reposar, de noche no puedo dormir. Quiero aniquilarlos para dar término a sus agitaciones y que retorne el silencio, para que podamos volver al sueño”.
Se adivina en estas palabras la expresión simbólica, que señala la lucha entre el mundo sometido aún al estado de sueño y el mundo que trata de despertarse, de ser activo y manifestarse en vida. Los hindúes iban, más adelante, a desarrollar estos conceptos de manera hermosa y profunda, pero el germen de esas ideas ya estaban en el “Enuma Elish”.
No obstante, de entre los dioses activos se destaca Ea. Ea no es, como los demás, actividad desordenada, sino actividad inteligente; se le llama “el sabio” y más aún: “el omnisciente”. Su conjuro logra vencer al Apsu. “Derramó, dice el cantar, un sueño sobre el Apsu, tranquilamente adormecido; le hizo estremecerse volcándole un sueño”. Luego le da muerte, y sobre esas aguas (el Océano) erige su morada. En ella Ea engendra en Damkina, su esposa, a Marduk, el cual nace en el llamado “Santuario de los Arquetipos”. Marduk es, según los teólogos del Enuma Elish, el más grande de todos los dioses.
Así pasa el tiempo, y Tiamat, indignada a causa del viento que agita sus aguas, formándole olas, decide destruir a los dioses de la dinastía de Anu. Crea un ejército de monstruos: da a luz a serpientes, dragones, esfinges, leones gigantes, hombres escorpiones, centauros; en total, once especies de monstruos, al frente de los cuales coloca a un dios llamado Kingu, con el que se desposa y a los que concede los derechos divinos que antes tuvo Apsu.
“Andar al frente de los dioses, conducir la hueste, levantar el arma de la provocación, lanzar el asalto, ser jefe en la batalla, ella puso todo en sus manos y le hizo sentar en el Consejo diciéndole : “He echado una suerte para ti; te he exaltado en la Asamblea de los dioses. Sé exaltado, oh, esposo mío, tú, el ilustre y que tu palabra prevalezca sobre la totalidad de los Annunaki” (los grandes dioses). Le dio luego a Kingu la tablilla de los destinos y la ató sobre su pecho, diciéndole: “Que tu orden sea inmutable y firme tu palabra””.
Así los dioses del caos se preparan para luchar contra la tríada babilónica formada por Anu, Ea y Marduk; este último, como vemos, ha sustituído, en el “Enuma Elish”, a Enlil, de la vieja tríada sumeria.
Al principio las deidades temen el enfrentamiento, pero luego Marduk se ofrece a vencer a Tiamat y a Kingu, siempre que se le de el rango principal entre todos los dioses. Estos aceptan y exaltan a Marduk:
“En adelante tu palabra no se humillará más. Exaltar y abatir, tal será tu poder. Será estable la palabra de tu boca. Tu verbo no cambiará más. Ninguno entre los dioses franqueará tus límites… Marduk, tu eres nuestro vengador. Aquel que se confía a ti conserva su vida, pero el dios que ha concebido el mal derrama su vida”. (Versos 7 a 18 de la tablilla IV). Sin embargo, los dioses exigieron antes un prodigio de Marduk: “¡Para demostrarnos tu poder, di una sóla palabra mágica y esta prenda de ropa será destruída! ¡Repite esa palabra y volverá a estar intacta!” Marduk pronunció una palabra y he aquí que la túnica se deshizo; volvió a pronunciarla y la prenda recuperó su estado primitivo. Entonces, todos los dioses creyeron a Marduk; se inclinaron hasta el suelo ante él, le acordaron el cetro, el trono y el “pallu” (insignia real). El gran dios babilónico tiene, como las deidades guerreras de otras literaturas épicas, armas fantásticas: en este caso, el rayo y también una red para aprisionar a Timat. Monta en la tempestad como en un carro de guerra. Un detalle curioso de los preparativos: Marduk se pinta los labios con ocre para proteger su boca de las potencias maléficas y además lleva hierbas aromáticas para impedir ser vencido por el hedor de Tiamat y de las bestias que ella ha creado.
Como vemos, el “Enuma Elish” canta al principio un caos en expansión, simbolizado por la creación que Tiamat hace de seres monstruosos; a este caos se opone Marduk, que es el movimiento ordenado e inteligente. Pero el autor anónimo, por entre el tejido filosófico o teogónico, deja asomar al poeta; éste humaniza a esas fuerzas antagónicas y crea efectos de expectativa, dados por la preparación de ambas deidades contenedoras.
El combate entre Marduk y Tiamat es el combate entre dos magias: se decide cuando Marduk lanza el viento malo a la boca de Tiamat; este viento le impide cerrar las mandíbulas y devorar al dios; luego Marduk le atraviesa el corazón con su flecha. La derrota de Tiamat pone en fuga a los monstruos pero el dios babilónico los captura con su red y a Kingu le arrebata la tablilla de los Destinos. Luego, el cuerpo inanimado de Tiamat que, como recordamos era el mar, es dividido en dos partes: una de ellas forma la bóveda celeste, porque todos los pueblos primitivos creían era ésta un mar de arriba, que se había separado del mar terrestre por obra del arquitecto del mundo; los mitos difieren en sus detalles, pero el concepto es el mismo. La tablilla IV concluye señalando que Marduk construye en los cielos su gran palacio, el Esharra, pero las tablillas V y VI son de más valor, ya que narran cómo el dios vencedor del caos organiza el mundo.
Madruk crea primeramente las estaciones, y según sean unas u otras, dominan tales o cuales astros, los que fueron formados, junto con el sol, a continuación. Organiza los años y los divide en doce meses. Le merece al poeta anónimo mayor atención la creación de la luna, Nannar, a la que el dios encarga de la vigilancia y adorno de la noche y de la medida del tiempo:
“Todos los meses, sin cesar, harás signos con tu disco.Al principio del mes, cuando comiences a lucir en el país brillarán tus cuernos para indicar los seis primeros días; el séptimo día mostrarás la mitad de tu disco. En tu plenitud ponte en oposición con el sol: será la mitad del mes. Cuando el sol se te haya unido en el horizonte disminuye tu disco y comienza a decrecer. Al día de oscuridad aproxímate, del camino del sol. El día veintinueve ponte de nuevo en oposición con el sol”.
De distintas partes de Tiamat hace montañas, ríos (el Eufrates y el Tigris). También utiliza a las once especies de monstruos que Tiamat había creado y los hace sostener, transformados en estatuas, las puertas del Apsu. La tablilla V concluye con el anuncio de Marduk de edificar a Babilonia; en cuanto a la tablilla VI está dedicada a la creación del hombre.
“Madruk, al oír el llamado de los dioses decidió crear una gran obra. Tomando la palabra se dirigió a Ea, para escuchar su consejo sobre el plan que había concebido:
 
-Quiero crear una redecilla de sangre, formar una osamenta para producir una especie de ser cuyo nombre será “hombre”. Que sobre él recaiga el servicio de los dioses para el alivio de éstos”.
 
En casi todos los cantares y relatos cosmogónicos arcaicos aparece esta misma intención: el hombre es creado para servir a los dioses; esta servidumbre se manifiesta originariamente en dos aspectos fundamentales: alimentación y alabanza; la primera por medio de los sacrificios sangrientos y la segunda por los himnos laudatorios. De cualquier manera se trata de la primera hipótesis que el hombre se forja acerca de su razón de ser y estar en el mundo. Cuando los pueblos de las civilizaciones primitivas llegan a cierto grado de madurez, empiezan a ser mordidos por preguntas a las que buscan explicación por medio de éstos u otros mitos.
Ea aconseja a Marduk que para hacer el hombre no sacrifique a todos los dioses vencidos, sino a uno solo, al más culpable, que pague por todos y que redima al resto de los dioses vencidos. La Asamblea de las deidades encuentra que el más culpable, el que incitó a los demás fue Kingu. Así, pues, el hombre sustituye a los dioses condenados a la destrucción, asumiendo, en lugar de ellos, el carácter de efímeros, de sustancia perecedera. Con la sangre de Kingu, sangre divina, pero malvada y rebelde, están hechos los hombres y participan de esas características.
Asistimos así, en este cantar, a una de las más antiguas alusiones a la teoría de la transmisibilidad de las culpas. El hombre muere, pues, porque está hecho de sangre destinada a morir: es una especie de pecado original cometido en la época en que aún no era hombre. Esta tablilla explica, así, de manera mítica, la muerte, el pecado, la angustia, la sujeción a un orden natural impuesto, conforme lo entendieron los antiguos babilonios. No obstante, ya en Sumer existía otro relato acerca de la caída de los humanos, relato más conforme al texto bíblico: un cilindro nos presenta a un hombre y a una mujer sentados delante de un árbol de grandes frutos; del lado de la mujer hay una serpiente; esta explicación es más antigua que la del “Enuma Elish”, pero tiende a contestar míticamente las mismas preguntas eternas: ¿Por qué morimos? ¿Por qué cometemos acciones que nuestra conciencia rechaza?
Aquellos poetas arcaicos, perdidos en la noche de los tiempos, buscaban una solución a estas cuestiones y vertían en mitos su angustia existencial, mitos transmitidos en versos, a veces duros o extraños a nuestra sensibilidad, pero llenos de la resonancia mágica que viene de épocas tan lejanas y que nos demuestran que el corazón del hombre de Mesopotamia, cuyos cantares quedaron enterrados en las arenas durante treinta y hasta cuarenta siglos, también latía como el nuestro y también buscaba a tientas explicaciones frente a los muros infinitos del misterio, delante de los que nuestro existir se golpea como un pájaro preso en una jaula estrecha.
por Hyalmar Blixen
NOTA: podíamos deducir de todo esto, que la desaparición de el dios Marduk, o de su culto no fue una desaparición real, mas bien fue una trasformación, una trasformación de un Dios, Marduk con el trascurso de los años reapareció, reapareció convirtiéndose en lo que hoy día conocemos como simplemente “Dios” Marduk reapareció como YHVH- ELIL-EL-IL-EL o IL- ELohIL-ELOHIM.

El “Enuma Elish”, el cantar de la antigua Babilonia


Bajo la pala de los arquéologos, las arenas de Mesopotamia han ido devolviendo ciudades perdidas, ciudades de milenarios imperios pasados, de los cuales el hombre del siglo XIX a veces no sospechaba su remota existencia. Mundos extraños, con sus manifestaciones de arte y de ciencia, que nos dejan atónitos, empezaron a aparecer de entre las arenas, en las tierras regadas por el Eufrates y el Tigris.
Y los ladrillos escritos en cuneiformes nos aportaron una literatura tan antigua, que la griega es hoy no ya una etapa de comienzo sino de culminación dentro del mundo antiguo. Entre aquellos cantares rescatados, el “Enuma Elish” será siempre valioso por su contenido cosmogónico y por resultar la más alta manifestación de la épica de Babilonia durante el tiempo de la primera dinastía (entre los siglos XIX a XVII antes de J.C.).
Quizá, como los piensa King, el “Enuma Elish”, si nos atenemos a su fondo mítico originario, se remonte a una antigüedad aún más venerable, pero eso ya entra dentro de una cadena de suposiciones que no están todavía demostradas. De lengua arcaica, que recuerda el viejo dialecto babilonio, de métrica algo dura aún, trata este cantar el tema del entronizamiento del dios Marduk, que de antiguo dios de la ciudad pasó a ser, durante algunos siglos, por obra de las conquistas de Babilonia, la más importante divinidad de Mesopotamia. ¿Qué queda ahora de esa ciudad? ¿Qué resta ahora de ese dios? Se dejó de pensar en él y se disolvió, quedó convertido en objeto de curiosidad histórica, en héroe de un cantar antiguo, en estatua borrosa de la galería de los mitos.
El “Enuma Elish” es una flor sangrienta en la poética de Babilonia; en vano buscaremos en él dulzuras y delicadezas; canto duro es, donde ronda la muerte en acecho de los dioses y de los hombres. El título de este cantar exótico para nosotros, está formado por las palabras iniciales del primer verso, ya que los mesopotámicos tenían la costumbre de designar los cantares por las palabras de su comienzo:
“Enuma elish la nabu shamanu…”; este verso se traduce así: “Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados…”
Siete tablillas de barro cocido, con apretados cuneiformes -en cada una de aquéllas caben unos ciento cincuenta versos- constituyen este poema, que era nacional y sagrado, al punto que se recitaba en la fiesta de Akitu, la más importante de todas las del ceremonial sacro de aquel pueblo: en el cuarto día de Nizán -mes con el que empezaba a contarse el año en Mesopotamia- tenía lugar el recitado ritual del poema.
En un viejo texto se lee: “Después de una pequeña comida, el sacerdote Urigallu recitará al dios Bel, la mano levantada, el “Enuma Elish”, desde el comienzo al fin. Mientras él recite el Enuma Elish a Bel, la parte delantera de la tiara del dios Anu y el trono de Enlil estarán cubiertos”. Gaster recuerda que la imagen de Marduk era paseada por las calles y luego entronizada en un panteón. E incluso el ceremonial se hacía más ostentoso y rico, pues los demás dioses, representados por sus estatuas, eran sacados de sus respectivos templos para hacer a Madruk visitas reverenciales.
“Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados y en lo bajo la tierra no tenía aún nombre…”
Así, ya lo señalamos, comienza el poema. No existía más que la sustancia indiferenciada; las cosas sólo podían nacer si los demiurgos pronunciaban, entre ritos mágicos, el nombre de ellas. En la vieja doctrina de la palabra, del nombre o del verbo: se ordena que aparezca tal cosa, la que se halla sumergida en la sustancia indiferenciada y la cosa toma cuerpo, consistencia, existencia. Son muchas las similitudes que podrían ser citadas: la más conocida es la del Génesis Bíblico: Jehová crea por medio de la palabra: “Hágase la luz. Y la luz fue”. En el Popol Vuh de los mayas, los dioses dijeron: “¡Tierra! Y al instante nació”. Otros textos podrían ser también citados.
Al principio no existe sino el agua: el Apsu, deidad masculina, primordial y procreadora (el abismo inicial, la masa de agua dulce que los antiguos creían que rodeaba la tierra y que los griegos llamaban “Océano” y Tiamat, deidad femenina, el mar de aguas saladas. En las cosmogonías de todos los pueblos antiguos, lo primero que surge es el agua; luego la tierra, en medio del agua y después los astros. El cantar continúa así:
“El Apsu primordial y procreador y la tumultuosa Tiamat, madre de todos, mezclaban indistintamente las aguas,  cuando los despojos de los cañaverales no estaban amasados y los canales no se podían ver, cuando ningún dios había todavía aparecido ni recibido nombre, ni sufrido destino…”
El poema trata de pintar la serenidad y simplicidad iniciales de nuestro mundo, cubierto totalmente por las aguas; entonces las saladas y las dulces, dice, estaban mezcladas. No existía la tierra, ni el cielo lleno de estrellas. Pero poco a poco surgen generaciones de dioses, cada vez más importantes y activos, ante cuya potencia el mundo se transforma; así, el “Enuma Elish” alude primero a la creación de Lakhmu y Lakhamu, después a la de Anshar y Kishar, que significan “lo alto” y “lo bajo”, parejas de deidades que, como vemos, son más bien abstracciones filosóficas. Estos últimos tuvieron un hijo: Anu, el cielo, dios que es la contrapartida babilónica de An; éste último forma, junto con Enlil (la tierra) y Ea (el agua) la trinidad sumeria clásica. Entonces surgió la Actividad. El poeta anónimo da la idea de pasaje del estado de caos en reposo al del caos activo, de universo dormido a universo en movimiento, al narrar que multitudes de dioses que habían nacido turbaban a Tiamat por medio de movimientos desordenados, o sea no sometidos a una inteligencia superior.
“Turbaron, dice, los senos de Tiamat, retozando en el seno de las celestes moradas. Sus gritos no se debilitaban ni ante el mismo corazón de Apsu…”
Este, encolerizado, llega a la morada de Tiamat y le dice:
“Insoportable me es la conducta de los dioses. De día no puedo reposar, de noche no puedo dormir. Quiero aniquilarlos para dar término a sus agitaciones y que retorne el silencio, para que podamos volver al sueño”.
Se adivina en estas palabras la expresión simbólica, que señala la lucha entre el mundo sometido aún al estado de sueño y el mundo que trata de despertarse, de ser activo y manifestarse en vida. Los hindúes iban, más adelante, a desarrollar estos conceptos de manera hermosa y profunda, pero el germen de esas ideas ya estaban en el “Enuma Elish”.
No obstante, de entre los dioses activos se destaca Ea. Ea no es, como los demás, actividad desordenada, sino actividad inteligente; se le llama “el sabio” y más aún: “el omnisciente”. Su conjuro logra vencer al Apsu. “Derramó, dice el cantar, un sueño sobre el Apsu, tranquilamente adormecido; le hizo estremecerse volcándole un sueño”. Luego le da muerte, y sobre esas aguas (el Océano) erige su morada. En ella Ea engendra en Damkina, su esposa, a Marduk, el cual nace en el llamado “Santuario de los Arquetipos”. Marduk es, según los teólogos del Enuma Elish, el más grande de todos los dioses.
Así pasa el tiempo, y Tiamat, indignada a causa del viento que agita sus aguas, formándole olas, decide destruir a los dioses de la dinastía de Anu. Crea un ejército de monstruos: da a luz a serpientes, dragones, esfinges, leones gigantes, hombres escorpiones, centauros; en total, once especies de monstruos, al frente de los cuales coloca a un dios llamado Kingu, con el que se desposa y a los que concede los derechos divinos que antes tuvo Apsu.
“Andar al frente de los dioses, conducir la hueste, levantar el arma de la provocación, lanzar el asalto, ser jefe en la batalla, ella puso todo en sus manos y le hizo sentar en el Consejo diciéndole : “He echado una suerte para ti; te he exaltado en la Asamblea de los dioses. Sé exaltado, oh, esposo mío, tú, el ilustre y que tu palabra prevalezca sobre la totalidad de los Annunaki” (los grandes dioses). Le dio luego a Kingu la tablilla de los destinos y la ató sobre su pecho, diciéndole: “Que tu orden sea inmutable y firme tu palabra””.
Así los dioses del caos se preparan para luchar contra la tríada babilónica formada por Anu, Ea y Marduk; este último, como vemos, ha sustituído, en el “Enuma Elish”, a Enlil, de la vieja tríada sumeria.
Al principio las deidades temen el enfrentamiento, pero luego Marduk se ofrece a vencer a Tiamat y a Kingu, siempre que se le de el rango principal entre todos los dioses. Estos aceptan y exaltan a Marduk:
“En adelante tu palabra no se humillará más. Exaltar y abatir, tal será tu poder. Será estable la palabra de tu boca. Tu verbo no cambiará más. Ninguno entre los dioses franqueará tus límites… Marduk, tu eres nuestro vengador. Aquel que se confía a ti conserva su vida, pero el dios que ha concebido el mal derrama su vida”. (Versos 7 a 18 de la tablilla IV). Sin embargo, los dioses exigieron antes un prodigio de Marduk: “¡Para demostrarnos tu poder, di una sóla palabra mágica y esta prenda de ropa será destruída! ¡Repite esa palabra y volverá a estar intacta!” Marduk pronunció una palabra y he aquí que la túnica se deshizo; volvió a pronunciarla y la prenda recuperó su estado primitivo. Entonces, todos los dioses creyeron a Marduk; se inclinaron hasta el suelo ante él, le acordaron el cetro, el trono y el “pallu” (insignia real). El gran dios babilónico tiene, como las deidades guerreras de otras literaturas épicas, armas fantásticas: en este caso, el rayo y también una red para aprisionar a Timat. Monta en la tempestad como en un carro de guerra. Un detalle curioso de los preparativos: Marduk se pinta los labios con ocre para proteger su boca de las potencias maléficas y además lleva hierbas aromáticas para impedir ser vencido por el hedor de Tiamat y de las bestias que ella ha creado.
Como vemos, el “Enuma Elish” canta al principio un caos en expansión, simbolizado por la creación que Tiamat hace de seres monstruosos; a este caos se opone Marduk, que es el movimiento ordenado e inteligente. Pero el autor anónimo, por entre el tejido filosófico o teogónico, deja asomar al poeta; éste humaniza a esas fuerzas antagónicas y crea efectos de expectativa, dados por la preparación de ambas deidades contenedoras.
El combate entre Marduk y Tiamat es el combate entre dos magias: se decide cuando Marduk lanza el viento malo a la boca de Tiamat; este viento le impide cerrar las mandíbulas y devorar al dios; luego Marduk le atraviesa el corazón con su flecha. La derrota de Tiamat pone en fuga a los monstruos pero el dios babilónico los captura con su red y a Kingu le arrebata la tablilla de los Destinos. Luego, el cuerpo inanimado de Tiamat que, como recordamos era el mar, es dividido en dos partes: una de ellas forma la bóveda celeste, porque todos los pueblos primitivos creían era ésta un mar de arriba, que se había separado del mar terrestre por obra del arquitecto del mundo; los mitos difieren en sus detalles, pero el concepto es el mismo. La tablilla IV concluye señalando que Marduk construye en los cielos su gran palacio, el Esharra, pero las tablillas V y VI son de más valor, ya que narran cómo el dios vencedor del caos organiza el mundo.
Madruk crea primeramente las estaciones, y según sean unas u otras, dominan tales o cuales astros, los que fueron formados, junto con el sol, a continuación. Organiza los años y los divide en doce meses. Le merece al poeta anónimo mayor atención la creación de la luna, Nannar, a la que el dios encarga de la vigilancia y adorno de la noche y de la medida del tiempo:
“Todos los meses, sin cesar, harás signos con tu disco.Al principio del mes, cuando comiences a lucir en el país brillarán tus cuernos para indicar los seis primeros días; el séptimo día mostrarás la mitad de tu disco. En tu plenitud ponte en oposición con el sol: será la mitad del mes. Cuando el sol se te haya unido en el horizonte disminuye tu disco y comienza a decrecer. Al día de oscuridad aproxímate, del camino del sol. El día veintinueve ponte de nuevo en oposición con el sol”.
De distintas partes de Tiamat hace montañas, ríos (el Eufrates y el Tigris). También utiliza a las once especies de monstruos que Tiamat había creado y los hace sostener, transformados en estatuas, las puertas del Apsu. La tablilla V concluye con el anuncio de Marduk de edificar a Babilonia; en cuanto a la tablilla VI está dedicada a la creación del hombre.
“Madruk, al oír el llamado de los dioses decidió crear una gran obra. Tomando la palabra se dirigió a Ea, para escuchar su consejo sobre el plan que había concebido:
 
-Quiero crear una redecilla de sangre, formar una osamenta para producir una especie de ser cuyo nombre será “hombre”. Que sobre él recaiga el servicio de los dioses para el alivio de éstos”.
 
En casi todos los cantares y relatos cosmogónicos arcaicos aparece esta misma intención: el hombre es creado para servir a los dioses; esta servidumbre se manifiesta originariamente en dos aspectos fundamentales: alimentación y alabanza; la primera por medio de los sacrificios sangrientos y la segunda por los himnos laudatorios. De cualquier manera se trata de la primera hipótesis que el hombre se forja acerca de su razón de ser y estar en el mundo. Cuando los pueblos de las civilizaciones primitivas llegan a cierto grado de madurez, empiezan a ser mordidos por preguntas a las que buscan explicación por medio de éstos u otros mitos.
Ea aconseja a Marduk que para hacer el hombre no sacrifique a todos los dioses vencidos, sino a uno solo, al más culpable, que pague por todos y que redima al resto de los dioses vencidos. La Asamblea de las deidades encuentra que el más culpable, el que incitó a los demás fue Kingu. Así, pues, el hombre sustituye a los dioses condenados a la destrucción, asumiendo, en lugar de ellos, el carácter de efímeros, de sustancia perecedera. Con la sangre de Kingu, sangre divina, pero malvada y rebelde, están hechos los hombres y participan de esas características.
Asistimos así, en este cantar, a una de las más antiguas alusiones a la teoría de la transmisibilidad de las culpas. El hombre muere, pues, porque está hecho de sangre destinada a morir: es una especie de pecado original cometido en la época en que aún no era hombre. Esta tablilla explica, así, de manera mítica, la muerte, el pecado, la angustia, la sujeción a un orden natural impuesto, conforme lo entendieron los antiguos babilonios. No obstante, ya en Sumer existía otro relato acerca de la caída de los humanos, relato más conforme al texto bíblico: un cilindro nos presenta a un hombre y a una mujer sentados delante de un árbol de grandes frutos; del lado de la mujer hay una serpiente; esta explicación es más antigua que la del “Enuma Elish”, pero tiende a contestar míticamente las mismas preguntas eternas: ¿Por qué morimos? ¿Por qué cometemos acciones que nuestra conciencia rechaza?
Aquellos poetas arcaicos, perdidos en la noche de los tiempos, buscaban una solución a estas cuestiones y vertían en mitos su angustia existencial, mitos transmitidos en versos, a veces duros o extraños a nuestra sensibilidad, pero llenos de la resonancia mágica que viene de épocas tan lejanas y que nos demuestran que el corazón del hombre de Mesopotamia, cuyos cantares quedaron enterrados en las arenas durante treinta y hasta cuarenta siglos, también latía como el nuestro y también buscaba a tientas explicaciones frente a los muros infinitos del misterio, delante de los que nuestro existir se golpea como un pájaro preso en una jaula estrecha.
por Hyalmar Blixen
NOTA: podíamos deducir de todo esto, que la desaparición de el dios Marduk, o de su culto no fue una desaparición real, mas bien fue una trasformación, una trasformación de un Dios, Marduk con el trascurso de los años reapareció, reapareció convirtiéndose en lo que hoy día conocemos como simplemente “Dios” Marduk reapareció como YHVH- ELIL-EL-IL-EL o IL- ELohIL-ELOHIM.